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Modificado por Redacción

David Beckham, vestido de apicultor, es uno de los apicultores más famosos

Beckham, vestido de apicultor. Foto: Netflix.

A lo largo del tiempo, muchas personas célebres han practicado la apicultura. Estos son los 20 apicultores más famosos de la historia.

Desde la Antigüedad, el ser humano se ha sentido fascinado por las abejas y su cuidado, la apicultura. El increíble comportamiento de las abejas, los valores terapéuticos de la miel o la simbólica pureza de la cera han sido un imán para personas de toda condición. Y, entre ellas, también muchas personalidades célebres de todos los tiempos.

Desde Aristóteles a David Beckham, personas conocidas y admiradas han puesto su mirada en las colmenas y las abejas, bien porque las han estudiado, bien porque las han criado y explotado. En este artículo reunimos los 20 apicultores más famosos de la historia, nombres que han marcado el devenir de la apicultura.

Sigue leyendo y descubre a los grandes nombres que, antes que nosotros, se interesaron por el fascinante mundo de la apicultura.

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 – Apicultores más famosos de la Antigüedad
2 – Edad Media: el conocimiento de los árabes
3 – Ventajas de los escapes de abejas
en la apicultura
4 – Apicultores más famosos del siglo XIX:
los revolucionarios
5 – Apicultores más famosos del siglo XX:
celebridades y científicos
6 – Bibliografía utilizada

1 – Apicultores más famosos de la Antigüedad

Los egipcios, los mesopotámicos, los asirios, los fenicios… Todas las grandes culturas de la Antigüedad practicaron la apicultura y se interesaron por los comportamientos de las abejas. Algunos, como los egipcios, incluso descubrieron el potencial medicinal de los productos de la colmena, especialmente de la cera de abeja, que era profusamente empleada en los procesos de momificación.

Pese a ese interés, hasta la extensión de las culturas griega y romana no aparecen los primeros grandes nombres vinculados a la apicultura. Son muchas las personalidades clásicas que hablaron de las abejas, como el poeta romano Virgilio, que les dedicó el libro IV de sus ‘Geórgicas’; o Plinio el Viejo, también romano, quien reunió gran cantidad de conocimiento apícola en su ‘Historia naturalis’.

Sin embargo, destacan dos nombres por encima de todos: los del filósofo griego Aristóteles y el escritor y agrónomo romano Columela.

Aristóteles: el apicultor filósofo

El nombre de Aristóteles resuena en la historia como una de las grandes figuras de la filosofía. A su trabajo se deben obras inmortales, como la ‘Retórica’, la ‘Política’ o ‘Ética a Nicómaco’. La influencia de su pensamiento llega hasta nuestros días y es trascendental para comprender nuestro sistema moral y político.

Sin embargo, Aristóteles también fue uno de los grandes científicos de su tiempo y se preocupó por entender la naturaleza de las cosas. Y, precisamente, una de las que más le fascinó fue la abeja. El estagirita tenía algunas colmenas en sus jardines y huertos y pudo realizar algunas observaciones bastante precisas sobre el comportamiento de estos insectos.
Aun así, también se equivocó en muchas cosas. Por ejemplo, aseguraba que las abejas encuentran a sus crías en las flores y que la reina era, en realidad, un rey. Otro error de percepción fue su cálculo del tiempo de vida de las abejas, que cifró en siete años, muy lejos de las pocas semanas que viven en realidad.
Los trabajos de Aristóteles sobre las abejas se recogen, sobre todo, en su libro ‘Historia de los animales’.

Grabado de Columella y uno de sus libros. Fue uno de los apicultores más famosos

Grabado de Columela y frontispicio de uno de sus libros.

Columela: el gran agrónomo

Lucio Junio Moderato Columela fue un escritor romano especializado en cuestiones agrícolas. Había nacido en Gades, la actual Cádiz, en el sur de España, hacia el año 4 de nuestra era y pronto se trasladó a Italia, donde, junto a su tío Marco Columela, puso en práctica sus observaciones y conocimientos de agricultura.

Columela escribió varios libros, entre los que se conservan obras maestras como ‘De re rustica’, un trabajo en el que detalla las labores del campo y recoge lo más avanzado del saber agrícola romano. ‘De re rustica’, traducido como ‘Los trabajos del campo’, se compone de 12 partes o libros. El undécimo de ellos se dedica íntegramente a la apicultura.

El libro, de gran belleza expresiva, abunda sobre las nociones ya conocidas de cuidado de las abejas, y añade nuevos conocimientos debidos exclusivamente a la capacidad de observación de Columela. Habla, por ejemplo, de la captura de los enjambres, de la elección del lugar para los asentamientos de colmenas, de las especies de abejas, de su alimentación, de la cosecha de la miel o del calendario del apicultor o colmenero.

2 – Edad Media: el conocimiento de los árabes

La Edad Media no es un periodo especialmente favorable para los hallazgos científicos. Son los llamados siglos oscuros y, en ellos, la apicultura apenas evoluciona. Por tanto, hay muy pocas noticias sobre apicultores destacados en esta época.

Sin duda, el nombre más relevante es el de Abu Zacaria Iahia, también conocido como Aben Mohamed Ben Ahmed Ebn El Awam, un autor que vivió en Sevilla entre los siglos XII y XIII, durante la dominación musulmana de España.

Aunque se sabe muy poco de su vida, queda constancia de su trabajo gracias a su ‘Libro de Agricultura’. En él, Abu Zacaria Iahia dedica gran atención al cuidado de las abejas y, como hicieron los árabes durante la Edad Media en muchos ámbitos, rescata y traduce lo que Aristóteles había dicho sobre las abejas.

Así, este autor sevillano redacta pasajes tan bellos y certeros como este:

que conviene esten las abejas en parage fresco en el verano, y en sitio abrigado en el invierno: que les conviene el sitio apacible de ayre templado en tiempo de frio, y la sombra en el verano: que el parage de ellas que baña el sol naciente no tenga mucha yerba ni plantas olorosas, y que aquel trecho tenga cerca agua dulce en las selvas y otros parages”.

Como es fácil comprobar, estos consejos que Abu Zacaria Iahia recogió hace ocho siglos son perfectamente válidos hoy en día para gestionar un apiario.

Antes que él, entre el siglo X y el XI, había vivido Al-Zahrawi (936-1013 d.C.), médico árabe que fue el primero en describir el uso del veneno de abeja para tratar enfermedades reumáticas.

Con personalidades como estas, el saber apícola de los musulmanes en la Edad Media logró conetar lo que sabían los antiguos griegos con lo que sabemos ahora.

3 – Los primeros apicultores científicos

Tras la revolución que el Renacimiento supuso para todos los saberes, encontramos ya nombres de apicultores que tienen una visión científica casi moderna. Algunos de ellos han pasado a la historia. Son estos:

Nikel Jacob: explicando la cría de las abejas

Uno de los apicultores más famosos es, con toda justicia, Nikel Jacob, un apicultor polaco que, en 1568, fue el primero en observar cómo las larvas podían dar lugar a reinas. Era la primera vez que se comprendía la forma en que las abejas se dotaban de una madre fértil.

Las averiguaciones de Jacob resultaron fundamentales, porque pusieron los cimientos de la investigación actual en apicultura, alejando mitos como que la reina era en realidad un macho y otros errores de apreciación que se mantenían entre los apicultores desde siglos remotos

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Luis Méndez de Torres: la reina es la madre

Las averiguaciones de Jacob encontraron respaldo rápidamente en los trabajos del español Luis Méndez de Torres, que en 1586 constató que la reina es una hembra que pone huevos y es la madre de todas las abejas.

Méndez de Torres era posiblemente de origen extremeño, aunque se sabe que vivió en varios lugares y que su obra principal, ‘Tratado breve de la cultivación y cura de las colmenas’, fue firmado en Alcalá de Henares, cerca de Madrid.

Ese libro es el primero que se dedica íntegramente a la apicultura en España y, a partir de ese momento, toda la reflexión en torno a la apicultura se hace desde la reina, entendiéndola ya como centro de la colmena e individuo principal de la colonia.

En los años siguientes, la observación de las abejas mejora y, entre los apicultores más famosos, destacan los nombres de Charles Butler, quien averiguó en 1609 que los zánganos de la colmena son los machos de la colonia; o Richard Remnant, que sostuvo ya en 1637 que las abejas obreras eran hembras. Y también el de H.C. Hornbostel, quien constató en 1744 el verdadero origen de la cera al descubrir cómo la producían las abejas más jóvenes a partir de unas glándulas situadas en su abdomen.

Anton Janša, padre de la apicultura moderna

Pero si hay un nombre que destaca en el siglo XVIII es el del esloveno Anton Janša, considerado por muchos autores como el padre de la apicultura moderna. Hijo de un apicultor que ya tenía más de 100 colmenas, Janša se enamoró muy pronto de las abejas y, desde 1769, ya trabajaba exclusivamente con sus colonias.

apiario de Anton Janša uno de los apicultores más famosos

Apiario de Anton Janša, todavía conservado en Eslovenia.

En 1770 fue nombrado maestro de apicultura para los austriacos y se le encargó el cuidado de las colmenas de los jardines de la corte vienesa. Desde ese rango, su fama se extendió por toda Europa central y sus libros fueron muy seguidos y traducidos. Destacan títulos como ‘Guía completa sobre apicultura’, de 1775. En sus libros, reconoce aspectos como que la reina se fecunda en el aire y que los zánganos no transportan agua, algo que se consideraba real en la época.

Además, fue el primero en cambiar la forma de las colmenas, dotándolas de volúmenes más o menos cúbicos, de tal manera que se podían apilar. Era el primer paso para la apicultura racional que llegaría apenas unas décadas más tarde.

Su importancia fue tan grande que la emperatriz María Teresa I de Austria ordenó que sus libros fueran de uso obligado para todos los maestros apicultores del imperio.   

3 – Apicultores más famosos del siglo XIX: los revolucionarios

La llegada del siglo XIX y la revolución industrial trajo nuevas perspectivas a la apicultura. Los trabajos de científicos como Darwin, Mendel o Humbold permean la visión de sus contemporáneos y el cuidado de las abejas se afronta desde una posición mucho más seria. El cambio en el enfoque acabaría por ser revolucionario y daría lugar a la apicultura actual.

En ese panorama de transformación y replanteo de la apicultura es necesario destacar algunos grandes nombres. Son apicultores e investigadores que transformaron por completo la forma de trabajar.

Jan Dzierżon: la partenogénesis

Jan Dzierżon fue un apicultor polaco que vivió entre 1811 y 1906. Es conocido por sus estudios sobre la biología de las abejas y por su trabajo en la selección de razas de abejas. También fue el primero en describir el proceso de partenogénesis en las abejas, lo que permitió una mejor comprensión de su reproducción.

La partenogénesis es el mecanismo de reproducción que utilizan las abejas, en virtud del cual una reina puede poner a voluntad huevos fecundados y sin fecundar. Si pone un huevo fecundado nacerá una abeja obrera y si pone uno sin fecundar, nacerá un zángano. El descubrimiento de Dzierżon resultaría trascendental para entender mejor el ciclo vital de las abejas y para perfeccionar su manejo.

Lorenzo Langstroth: el gran revolucionario de la apicultura

Si hay un nombre trascendental en la apicultura a lo largo del siglo XIX es el de Lorenzo Langstroth, considerado uno de los responsables de la apicultura moderna. Nació en 1810 en Filadelfia, Estados Unidos, y fue un pastor y profesor de matemáticas.

Lorenzo Langstroth con sus colmenas, uno de los apicultores más famosos

Langstroth, en su apiario, con sus colmenas de panáles móviles.

Su principal descubrimiento fue el llamado “paso de abeja”. En sus observaciones en los apiarios, Langstroth descubrió que las abejas siempre dejan un hueco similar entre los panales. Este “paso” oscila entre los 4,5 mm y los 9,3 mm. Si el hueco es mayor construirán panal, y si es menor, lo cerrarán con propóleo.

Este hallazgo fue verdaderamente una revolución, porque permitió a Langstroth diseñar en 1851 una colmena de panales móviles que se podían sacar sin romper la obra de las abejas. Había nacido la colmena moderna, que lleva para siempre el nombre de este gran apicultor: la colmena Langstroth.

Además, Langstroth fue un gran divulgador apícola. Escribió varios libros, como ‘The hive and the honey-bee; a bee keeper’s manual’,  de 1853, o ‘La abeja y la colmena’. Y también fue uno de los introductores de la abeja italiana (Apis mellifera ligústica) en Estados Unidos.

Layens, la respuesta europea

Coetáneo de Langstroth, Georges de Layens, nacido en Francia en 1834, fue naturalista y apicultor y divulgador. Fruto de sus observaciones es la colmena que lleva su nombre, la colmena Layens, muy utilizada en Francia y, sobre todo, en España.

Es una colmena de panales móviles, pero de desarrollo horizontal. Compacta y barata, resulta especialmente útil para la apicultura trashumante. En su diseño, Layens modificó la colmena de panal móvil de Langstroth, que empezaba a popularizase, y realizó adaptaciones hasta que dio con un modelo que se adaptaba mejor a las necesidades del apicultor trashumante. Era 1874.

Durante su vida, Layens mantuvo una interesante correspondencia con Langstroth y también colaboró con otros apicultores, como Bonnier, con quien escribió su célebre ‘Curso Completo de apicultura’.

 Francesco De Hruschka, el inventor del extractor

Los inventos de Langtroth, Layens y otros investigadores habían logrado “movilizar” la colmena y conseguir los primeros panales extraíbles. Pero faltaba algo: mecanizar la extracción de la miel. Eso lo consiguió el austriaco Francesco de Hruschka en 1865, cuando presentó públicamente en Brno el extractor de miel.

una parte del primer extractor de miel, inventado por Hruschka uno de los apicultores más famosos de la historia

Un componente del extractor de Hruschka.

Según explicaba, vio a su hijo revolear uno cesto con panales sobre su cabeza y observó que la miel salía disparada. Eso le hizo pensar en la aplicación de la fuerza centrífuga a la extracción de la miel y nació esta máquina indispensable en la apicultura actual.

La aportación de Hruschka fue crucial. Daba continuidad a los trabajos de Langstroth y permitía obtener la miel sin destruir los panales de cera, con los consiguientes ahorros de dinero y trabajo de las abejas que eso conllevó.

Moses Quinby y T.F. Bingham, inventores del ahumador de fuelle

El nombre de Moses Quinby debe estar grabado con letras de oro en la historia de la apicultura, porque fue el primero en trabajar en un ahumador accionado por un fuelle. Este apicultor estadounidense fue un gran inventor: desarrolló una colmena de marcos fijos que lleva su nombre, así como un cuchillo para desopercular los panales de miel. Pero, sobre todo, es recordado por adaptar un fuelle a un ahumador para impulsar el humo hacia las colmenas.

Además, Quinby fue un apicultor muy reconocido: manejaba más de 1200 colmenas y recorría el país formando a otros. Entre sus trabajos, destaca el libro “Mysteries of Bee-Keeping Explained” (1853).

Su tarea con el ahumador fue continuada por T.F. Bingham, quien fue perfeccionando el dispositivo hasta que en 1903 patentó un modelo que es prácticamente el que se utiliza hoy en todo el mundo. Su idea era simple: un hornillo cilíndrico dentro del cual arde un combustible, una breve chimenea cónica que permite “dirigir” el humo, y un pequeño fuelle adosado al cilindro que se maneja con una sola mano.

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5 – Siglos XX y XXI: celebridades y científicos en la apicultura

Con la llegada del siglo XX, la apicultura entra en su etapa dorada. Los hallazgos del siglo XIX se combinan con una creciente mecanización y con una importante conciencia colectiva sobre las abejas y su papel en los ecosistemas. El siglo XXI ha aportado una mayor investigación en torno a la biología de las abejas y, sobre todo, la aplicación de técnicas de robotización e inteligencia artificial a la apicultura.

En estos últimos 123 años, hay muchos nombres importantes en el ámbito apícola. Destacamos los de algunos apicultores famosos de este tiempo. Algunos ha destacado en la cría de abejas, otros en la investigación y no pocos son celebridades de otros ámbitos que, además, cuidan abejas.

Hermano Adan, el “inventor” de las abejas Buckfast

Pocas personalidades han marcado tanto la apicultura del siglo XX como la de Kalr Kehrle, más conocido como Hermano Adan. Había nacido en 1898 y vivió hasta 1996, abarcando casi todo el siglo, una vida larga que le permitió llevar a cabo impactantes observaciones apícola.

Desde muy joven, profesó en la abadía benedictina de Buckfast, en Inglaterra, donde empezó como ayudante del fraile apicultor y acabó siendo el encargado de su colmenar. El aislamiento de la abadía permitió a este monje entusiasta llevar a cabo experimentos de cruce de razas, hasta lograr una abeja propia, la Buckfast, conocida por su gran laboriosidad y su mansedumbre. Se trata de un cruce original entre abejas ligústicas y las antiguas abejas británicas que, posteriormente, se evolucionó con aportaciones de otras razas.

Los trabajos del Padre Adan han resultado inspiradores para apicultores y criadores de todo el mundo. No solo por su capacidad para fomentar las mejores características de las abejas, sino por ideas como la estación de fecundación que montó en Dartmoor y que todavía funciona.

 Arturo Wulfrath B., pionero en América Latina

Uno de los apicultores mas famosos del siglo XX fue Arturo Wulfrath B, un mexicano  de origen alemán nacido en 1904 y muerto en 1987. Se le considera uno de los grandes impulsores de la apicultura en América Latina y, junto con su sucio Juan Speck, llegó a manejar más de 50000 colmenas con su empresa Miel Carlota, de Morelos, en México.

A él se deben innovaciones como el empleo del tren para transportar las colmenas o la comercialización abejas reinas en México. También producía velas de miel y vendía material apícola. Pero la fama le llegó con la jalea real, producto del que fue también un pionero. Su jalea alcanzó la celebridad cuando se le atribuyó la curación del Papa Pío XII, que estaba enfermo.

Eva Crane, la impulsora de la unión de apicultores

Eva Crane fue una investigadora británica que dedicó gran parte de su vida al estudio de las abejas y la apicultura. Fundó el Centro Internacional de Investigación Apícola y Apimondia, una organización internacional que promueve la investigación y el intercambio de conocimientos sobre las abejas y la apicultura.

Se enamoró de las abejas cuando a ella y a su marido les regalaron una colmena, y empezó a investigar esta compleja sociedad de las abejas. Su obra deja numerosos libros y artículos sobre estos temas, y su trabajo ha sido fundamental para comprender la importancia de las abejas en la polinización y la producción de alimentos.

eva crane, criando abejas reinas, una de las apicultores más famosas del mundo

Eva Crane, con un cuadro técnico de cría de reinas.

Uno de sus libros más importantes y conocidos es el monumental ‘Bees and Beekeeping: science, practice and world resources’, publicado en 1990.

Michael Palmer, un método diferente

Ente los apicultores que han dejado huella a lo largo del siglo XX es necesario resaltar el nombre de Michael Palmer, autor del método de trabajo que lleva su nombre.

Palmer se formó en apicultura en Canadá en 1974 y empezó a trabajar y a experimentar con sus colonias. Pronto entendió la lógica de la regulación termodinámica de la colmena, lo que le llevó a evolucionar el manejo hasta que llegó a dar forma a su método de trabajo.

Básicamente, se basa en el empleo del calor de las colonias para mantener núcleos fuertes durante todo el año, de manera que sirvan para reforzar a otras colmenas en cualquier momento.

Randy Oliver, la apicultura sostenible

Otro apicultor actual de gran renombre es Randy Oliver. Estadounidense de origen, ha destacado por su trabajo en investigación y desarrollo de prácticas apícolas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.

Su blog ’Scientific Beekeeping’ y sus publicaciones han sido fundamentales para mejorar la salud de las abejas, la gestión de colmenas y la producción de miel. Oliver lleva trabajando con las abejas desde 1966 y actualmente, junto con sus hijos, maneja entre 1000 y 1500 colmenas.

Thomas D, Seeley, el gran observador

Un último nombre llama la atención entre los grandes apicultores-científicos de las últimas décadas. Es el Thomas D. Seeley, profesor emérito en la universidad de Cornell, en Estados Unidos, y uno de los grandes observadores y divulgadores apícolas de nuestro tiempo.

Seeley es célebre por sus observaciones de campo sobre el comportamiento de las abejas. Así, ha podido determinar, por ejemplo, cómo actúan las abejas exploradoras cuando buscan alimento o un nuevo alojamiento para el enjambre. También ha descubierto que pequeños grupos de abejas veteranas movilizan la salida de un enjambre con sonidos muy particulares.

Thomas D. Seeley, uno de los apicultores más famosos de la actualidad.

Thomas D. Seeley y uno de sus libros recientes.

También ha entendido cómo es el habitáculo ideal para una colonia de abejas o cómo toman las decisiones las obreras. Su obra, muy amplia, tiene dos libros claramente destacados: ‘The Lives of Bees: The Untold Story of the Honey Bee in the Wild’ y ‘Honeybee democracy’, ambos, todavía sin traducir al español.

Sylvia Plath: la poetisa apicultora

La reconocida poeta estadounidense Sylvia Plath, ganadora de un premio Pulitzer en 1982, era también una apicultora apasionada. Heredó el interés por las abejas de su padre, Otto Plath, que había investigado la vida de los abejorros, y vivió mucho tiempo en zonas rurales de Devon, en Inglaterra. Allí, inspirada por las abejas, escribió una impresionante serie de poemas sobre abejas en los que demuestra sus conocimientos apícolas y con los que refleja su cada vez peor estado mental y de ánimo.

Plath se suicidó en 1962, mucho antes de obtener el gran reconocimiento que su trabajo tendría más tarde. No es la única gran escritora que ha cuidado colmenas. Se sabe que Leo Tolstoy consideraba las abejas “el centro del mundo” y que Paul Theroux, uno de los grandes escritores de viajes estadounidenses del último siglo, tiene colmenas en Hawái, donde vive y trabaja.

Morgan Freeman: pasión por las abejas

Sin salir del mundo de la cultura, encontramos uno de los apicultores más famosos de las últimas décadas: el actor Morgan Freeman, uno de los más prolíficos y valorados del cine estadounidense.

Su pasión por las abejas es bien conocida. En 2019, se supo que había convertido su rancho de más de 50000 hectáreas en un auténtico santuario para las abejas. Allí, en Mississippi, tiene un colmenar que arrancó con 26 colmenas y que disfruta de un territorio único para que las abejas puedan desarrollarse. El ejemplo de Freeman es muy llamativo y ha supuesto un espaldarazo para todos lo que luchan por proteger los ecosistemas para la apicultura.

Scarlett Johansson: una apicultora con mucho glamour

En el mundo del cine sobresale el nombre de otra celebrity apicultora: la actriz Scarlett Johansson. Al parecer, a esta gran estrella de Hollywwod le regalaron una colmena cuando se casó con Ryan Reynolds.

Las abejas de Scarlett Johansson pecorean entre los naranjos y limoneros de California, muy cerca del lugar donde estaban las colmenas de otro actor célebre, Henry Fonda, que tenía sus colonias en la localidad de Bel Air.

David Beckham: del fútbol a las colmenas

Finalmente, quizá el más conocido entre los apicultores más famosos es el exfutbolista David Beckham. El antiguo mediocampista del Manchester United, el Real Madrid o la selección inglesa tiene abejas en su finca de Cotswold, en Inglaterra, donde comparte pasión por la apicultura con su mujer, la también célebre Victoria Beckham, y sus hijos.

Los Beckham tienen un buen número de colmenas, entre las que destacan algunas unidades de la conocida Flow Hive, la colmena de cosecha “automática”. Incluso aparecen trabajando con las colmenas en el documental sobre la vida de David Beckham que ha estrenado recientemente Netflix.

Sin salir de Inglaterra, no se puede cerrar este recorrido por los apicultores más famosos de la historia sin mencionar a la reina Isabel II, fallecida en 2022. Tanto ella, como el actual rey, su hijo Carlos III, han sido notables criadores de abejas. Sus mieles tienen gran fama y siempre han querido tener colmenas en sus fincas y palacios.

6 – Bibliografía empleada

Biri, Melchiorre & Prats, Carmen (1988) El gran libro de las abejas. Barcelona: Editorial de Vecchi.

Jean Prost, Pierre (2007) Apicultura. Conocimiento de la abeja. Manejo de la colmena. Barcelona: Editorial Mundi Prensa.

Lasanta, Eugenio (2018). Apicultura práctica tradicional y moderna: La esencia en el hexágono. Madrid: Liber Factory.

Lorén, Jaime (2012) Historia de la apicultura española. Teruel: Jaime Lorén.

Oliver, Randy (s.f.) The Scientific beekeeping [blob] https://scientificbeekeeping.com/

Rangel, J., Griffin, S.R. & Seeley, T.D. (2010).  An oligarchy of nest-site scouts triggers a honeybee swarm’s departure from the hive. Behav Ecol Sociobiol 64. 979–987 https://doi.org/10.1007/s00265-010-0913-4

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2012) Iniciación a la apicultura. Tecnología y calendario. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Salvachúa, Carmelo & Robles, Elena (2003) Manual de apicultura práctica. Sector apícola Galego.

Seeley, T. (2010) Honeybee democracy. Princeton: Princeton University Press.

 

Libros para saber más sobre apicultura