Colmenas listas para la revisión de colmenas en otoño

Colmenas listas para el otoño. Foto: Steve Wilde, en Flickr.

Llega el otoño y las colmenas van reduciendo su actividad. Los apicultores han terminado la cosecha -o están terminando- y es el momento de preparar las colonias para que hagan frente al otoño con seguridad. Te mostramos los puntos clave que debes tener en cuenta en la revisión de las colmenas en otoño.

Con la llegada del otoño, la actividad de los apiarios se transforma. Los días son más cortos, el campo ofrece ya poco alimento y las abejas intuyen la proximidad del invierno. Pronto, los primeros fríos amenazarán a las colonias y las más frágiles empezarán a sufrir. Es el momento de prepararlas para superar el otoño y llegar sin problemas al inicio del ciclo en el invierno, a la siguiente campaña.

En años como este 2022, complicados en lo climatológico, las colmenas están muy castigadas por la sequía y el calor extremo, una circunstancia que se ha notado especialmente en España y otros países europeos, y también latinoamericanos. La falta de agua en el campo ha golpeado la capacidad de las abejas para recolectar néctar, ha complicado los ciclos de cría y, en general, ha debilitado a las colonias. En esta situación, la revisión de las colmenas en otoño se vuelve fundamental para garantizar la supervivencia de las abejas hasta la siguiente temporada.

Los apicultores deben tener en cuenta varios aspectos muy importantes para asegurarse de que sus colmenas entran en el otoño en buenas condiciones. Además, si lo hacen bien, ahorrarán mucho trabajo y no necesitarán llevar a cabo más revisiones hasta principios del invierno.

 

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 – Estado general de la colmena: reservas de alimento y población
2 – Alimentación de colmenas en otoño
3 – Tratamientos contra la varroa
4 – Estado físico de las colmenas: reparaciones y cambios
5 – Bibliografía empleada

A la hora de llevar a cabo la revisión de las colmenas en otoño, hay que atender a muchos aspectos. Los resumimos en tres grandes bloques de cuestiones y elementos que es preciso valorar y corregir si se considera oportuno.

1 – Estado general de la colmena: reservas de alimento y población

Cuando se lleva a cabo la revisión de las colmenas en otoño, lo más normal es que ya haya pasado la cosecha de miel, aunque muchos apicultores hacen coincidir la cosecha con esta revisión para ahorrar trabajo. La cuestión es que ya se puede tener una idea muy precisa de la miel que tiene la colmena para los próximos meses.

Lo normal, si el apicultor ha hecho bien su trabajo, es que la colmena tenga unas buenas reservas de alimento para encarar el otoño. Una colonia va a necesitar una cantidad muy variable de miel. No es lo mismo un apiario situado en una zona de montaña, que encara cinco o seis meses de frío y carestía, que otro ubicado en una región templada, con un otoño suave y un invierno corto. Ahí, cada apicultor debe conocer las características de su entorno y saber cuándo habrá otra vez floraciones.

Camión cargado de alzas de miel en una cosecha de miel en Estados Unidos

Cosecha de miel en Estados Unidos. Foto: Marcia O’Connor, en Flickr.

En todo caso, y como regla general, conviene que la colonia tenga al menos 15 kilogramos de miel al principio del otoño. Esta cantidad puede ser menor si se trabaja en lugares donde las abejas pecorean en otoño, y será mayor si no es así. Para valorar la cantidad de miel restante en una colmena, resultan muy prácticas las balanzas digitales de monitorización de colonias.

Finalmente, si no hay suficientes reservas, la colmena seguramente no sobrevivirá a los meses fríos, así que conviene pensar en alimentar, tal y como se explica en el siguiente epígrafe.

Población, ¿son suficientes abejas?

Por otro lado, el principio del otoño es el momento para evaluar si la población de la colmena es suficiente para superar lo que viene. Una colmena fuerte debería ocupar entre cinco y siete panales Langstroth, con unos tres cuadros de cría.

De nuevo, estas cifras son muy variables y todo depende de la climatología y las condiciones de cada ubicación. Por tanto, deben tomarse como números orientativos.

Sin embargo, sí es importante que el apicultor constate que la colonia está bien poblada y que el volumen de abejas es importante. A menudo, la experiencia es la única que ayuda a determinar este dato: el apicultor aprende a evaluar y comparar las poblaciones de sus colmenas con el paso del tiempo.

Cuando se determina que una colmena no tiene suficientes abejas para sobrevivir al otoño y al invierno, se puede optar por reunirla con otra. Hay muchas formas de reunir colmenas: unir dos débiles, unir la débil con una fuerte, utilizar núcleos… Incluso se puede trabajar uniendo una colmena débil con otra zanganera. O reunir varias en una única colonia. En este caso, la regla básica que se debe considerar es que siempre es mejor invernar una colmena fuerte que dos débiles.

Cambio de reinas

Aunque no es muy habitual, hay apicultores que eligen el otoño para el cambio de reinas. Las habrán criado previamente y estarán fecundadas, porque no se puede correr el riesgo de esperar a que se fecunden en esta época del año. Sin embargo, introduciendo reinas fecundadas en otoño, las colonias cuentan con una reina muy fuerte y joven, que apenas se desgastará en otoño y estará en plenitud cuando llegue la primavera.

2 – Alimentación de colmenas en otoño

Si en la revisión de las colmenas en otoño se considera que alguna colonia no tiene suficientes alimentos, hay que pensar en alimentación extra. Se proponen tres estrategias de alimentación:

Alimentar con miel

La idea es utilizar miel de otras colmenas que tengan excedente (o panales de miel procedentes del almacén) para mejorar las reservas de la colonia. Generalmente, el apicultor lo hace al cosechar: es muy frecuente pasar panales del alza a la cámara de cría para que esta quede más compacta y pertrechada.

Panales de miel en un banco de desoperculado

Panales listos para ser extraída la miel. Foto: Conall, en Flickr.

Si se utiliza miel de otras colmenas, es necesario tener en cuenta su procedencia, porque puede ser un vector de contagios. Empleando miel de origen dudoso, se pueden importar enfermedades, por lo que es necesario saber qué miel vamos a emplear.

Aunque lo más recomendable es utilizar panales para añadir la miel a la colonia débil, también se puede recurrir a miel ya procesada, suministrándola con alimentadores. Esta forma de alimentar con miel en alimentadores tiene un riesgo: puede producir pillaje. Para evitarlo, conviene reducir las piqueras de las colmenas alimentadas y evitar que tengan puntos por lo que puedan entrar las pilladoras a robar esa miel cuyo olor será rápidamente detectado.

Alimentación proteica sólida

Otra estrategia de alimentación en otoño sería utilizar una alimentación de tipo proteico, rica en proteínas. Esta variante es más adecuada al principio del otoño, cuando las reinas todavía tienen varias semanas para poner huevos y producir un buen volumen de cría que garantice una invernada de éxito.

Se pueden utilizar tortas proteicas hechas con polen y otros productos, o recurrir a preparados ya elaborados y disponibles en los comercios de productos y materiales apícolas. Este tipo de alimentación es típica de la preparación de las colmenas para el invierno, sobre todo de la fase final de la temporada fría, cuando ya se acerca la primavera y las colmenas arrancan la nueva campaña.

Alimentación basada en azúcares

Es más habitual utilizar alimentación basada en azúcares en estado sólido: fructosas y otros azúcares de alta calidad. Este tipo de suplemento tiene un carácter de mantenimiento: ya no va a estimular la puesta, pero sí supondrá una reserva de alimento y energía parecida a la que proporciona la miel. Las abejas irán consumiendo lentamente estos azúcares durante el otoño y el invierno.

De nuevo, se pueden elaborar o se pueden comprar. Los preparados que se compran suelen incluir también vitaminas, aminoácidos, minerales y otros elementos pensados para reforzar el estado de las abejas. Muchos apicultores utilizan esta alimentación de forma preventiva: se la ponen a las colmenas, incluso aunque no parezcan necesitarla, en previsión de una larga temporada sin revisiones. Así están más tranquilos, porque las colmenas siempre conservan ese extra.

Colmenas en invierno: alimentación interior

En invierno, es mejor utilizar alimentación sólida, como las tortas protéicas. Foto: Thurld01, en Flickr.

Alimentación líquida estimulante

En algunos lugares, especialmente donde los otoños son más suaves, se puede trabajar con alimento líquido. Esta alimentación, basada en jarabes de diferentes azúcares, como glucosa, estimula la puesta de la reina, con lo que sirve para que las abejas produzcan mucha cría, algo que se busca, sobre todo, en primavera.

Tiene un riesgo, porque si la colonia genera mucha cría y, de repente, llegan los fríos, esas larvas serán una carga insoportable que devorará rápidamente los recursos. Por tanto, este tipo de alimentación debe utilizarse tácticamente y con mucha precaución, sabiendo muy bien dónde y cuándo se emplea.

Hay apicultores que la utilizan, por ejemplo, al final del verano, cuando aplican tratamientos contra la varroa basados en rascar la cría. Para que la reina reponga rápidamente esa cría eliminada, estimulan su puesta con jarabes ricos en azúcar. De nuevo, debe hacerse con precaución y conociendo la meteorología.

3 – Tratamientos contra la varroa

Sin duda, el punto fuerte de la revisión otoñal es el estado de salud de las colmenas. Tras el verano y la cosecha, a medida que se reduce la población, aparecen los problemas: colmenas zanganeras, loques, hongos y, sobre todo, varroa.

Así, el principio del otoño es el momento más adecuado para llevar a cabo los tratamientos contra la varroa, el peor enemigo de las abejas. En este momento, las colmenas tienen poca cría y eso hace que los productos resulten más efectivos, porque los ácaros no pueden esconderse en las celdillas de cría operculada.

Para hacer todavía más eficaces esos tratamientos, muchos apicultores optan por el método de rascar la cría. Supone eliminar toda la cría operculada rascando con una espátula los panales. De esa forma, las abejas vacían esas celdillas y el principio activo de los tratamientos llega a todos los rincones de la colmena, eliminando mejor los ácaros.

Aunque polémico, este tratamiento es cada vez más respaldado por los apicultores. Si se opta por aplicarlo, conviene adelantar todo lo posible su ejecución, de forma que las abejas tengan tiempo para reponer esa cría eliminada. Como veíamos en el punto anterior, algunos apicultores ayudan a las colonias a recuperarse con algo de alimentación estimulante.

Varroas muertas en un peine desoperculador utilizado en la técnico de rasca la cría

Ácaros de varroa sobre larvas muertas en un peine desoperculador utilizado en la técnico de rasca la cría. Foto: Monika Fischer.

En todo caso, se utilice el sistema que se utilice, es muy importante llevar a cabo los tratamientos de varroa al final del verano o principios del otoño, cuanto antes. Y conviene rotar los principios activos para evitar que los ácaros generen resistencia.

Al adelantar el tratamiento en el tiempo, se permite que las abejas tengan más semanas para recuperarse del efecto de la varroa: habrá más puesta y la colonia se fortalecerá antes de que llegue el invierno.

4 – Estado físico de las colmenas: reparaciones y cambios

Por último, el principio del otoño es buen momento para revisar el estado de mantenimiento de las colmenas, que, con el paso del tiempo, se deterioran y rompen. Se trata de comprobar la consistencia de los cajones, tapas, pisos…

Por la parte exterior, hay que asegurarse de que la colmena no tiene agujeros, rotos, grietas u oquedades por las que escape el calor y entren los ladrones. También conviene fijarse en la presencia de humedades que puedan pudrir las maderas.

Si una cámara de cría está muy rota, conviene cambiarla. De lo contrario, puede acabar de romperse en pleno invierno y dejar a las abejas expuestas.

Abejas muertas sobre la rejilla de un fondo sanitario para colmenas

Fondo sanitario sucio y sin bandeja inferior. Foto: Maja Dumat, en Flickr.

Después, es el momento de ir reduciendo el tamaño de las piqueras. No solo para evitar que el frío entre mucho en la colmena, sino, sobre todo, para impedir que entren roedores, reptiles y, sobre todo, abejas pilladoras.

Finalmente, es un buen momento para eliminar panales viejos, rotos o mohosos. Se pueden reemplazar con panales con miel procedentes del alza cuando se cosecha, o también por cera nueva o panales ya estirados pero limpios y recientes. También se puede optar por eliminarlos y reducir ese espacio con algún elemento reductor del tamaño de las cámaras.

Esta táctica es muy utilizada para invernar colmenas débiles o núcleos poco desarrollados. Se emplean, por ejemplo, plásticos con los que se envuelven los panales ocupados, dejando a la colonia arropada por ese “poncho” que conserva mejor el calor. También hay paneles de madera o de poliespán para reducir el espacio interior.

Por otra parte, es necesario eliminar cualquier suciedad que puedan tener las colmenas en su interior, limpiando los pisos o vaciando las bandejas de los fondos sanitarios.

Siguiendo estos pasos, la revisión de las colmenas en otoño se llevará a cabo con todas las precauciones y las colonias estarán más seguras y preparadas para enfilar el invierno.

5 – Bibliografía utilizada

Jean Prost, Pierre (2007) Apicultura. Conocimiento de la abeja. Manejo de la colmena. Barcelona: Editorial Mundi Prensa.

Jiménez, Emilia (2017) Manejo y mantenimiento de colmenas. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2012) Iniciación a la apicultura. Tecnología y calendario. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Libros para saber más sobre apicultura

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