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Un panal de miel, durante una revisión al arranque de la temporada apícolaArranque de la temporada apícola

Un apicultor inspecciona las reservas de alimento de una colmena. Foto: Gonzalo G. Useta, en Flickr.

Con los primeros días de calor, el invierno cede su sitio a la primavera y las abejas intuyen que una nueva campaña se abre ante ellas. Para cualquier apicultor, es un momento delicado y  fundamental para el éxito: el arranque de la temporada apícola debe cuidarse al máximo y no dejar ningún detalle al azar. Saber preparar bien las abejas para que empiecen a trabajar rápido y aprovechen al máximo los recursos de la primavera es una de las claves para tener buenos resultados.

Este artículo analiza los puntos que se deben cuidar al inicio de la primavera, cuando la temporada apícola está en su arranque y cuando las abejas son más vulnerables. Sigue leyendo para planificar correctamente tu campaña de apicultura.

El arranque de la temporada apícola es uno de esos momentos en que el apicultor no puede descuidarse. Un error en este momento puede suponer retrasos en la puesta en marcha de las colmenas, pérdida de floraciones y, en muchos casos, problemas de salud y enfermedades e, incluso, muerte de colmenas.

Cada zona tiene su propio momento para el arranque de la temporada. En España, por ejemplo, puede haber grandes diferencias entre el sur, que arranca en enero, y el norte, que puede retrasar el inicio de la campaña hasta marzo en función de la meteorología y del a ubicación de los apiarios. Ante estas diferencias, el apicultor debe ser precavido y estudiar muy bien su territorio. Solo la experiencia permite saber cuál es el tiempo idóneo en cada lugar para poner en marcha la arrancada de la temporada.

Además, es necesario tener en cuenta que el inicio de la campaña es un momento en que las abejas son muy vulnerables. Están acabando el invierno y sus reservas ya son escasas. Muchas habrán muerto durante los meses de frío, con lo que los enjambres no son numerosos.
A menudo sucede que las abejas arrancan, estimuladas por un clima propicio, y las reinas empiezan a criar. Después llega otra vez el frío y esa cría exige un consumo altísimo de reservas que no siempre se tienen en las colmenas. Si el apicultor no lee bien esos signos, muchas colonias pueden sucumbir en ese momento crítico.

Colmenas entre la nieve

Colmenas tapadas de nieve en un invierno. Foto: Pedro Pérez, en Flickr.

1 – Revisión del colmenar ante la primavera: estado tras la invernada

Cuando el apicultor considera que los grandes fríos invernales empiezan a quedar atrás, es el momento de poner en marcha el arranque de la temporada apícola. Lo primero que debe hacer es revisar el estado de las colmenas tras el invierno.

Se trata de una inspección que generalmente tiene dos etapas: primero, una inspección ocular de las piqueras. Después, una revisión más completa abriendo las colmenas.

  • Revisión de piqueras. El apicultor experto sabe reconocer síntomas de problemas en las piqueras. Desde luego, -aquellas en las que no haya actividad ya hablan de colmenas que, seguramente, estarán muertas. También es fácil reconocer en las piqueras restos de serrín, que indican que las abejas han consumido mucha miel. También pueden verse manchas de las deyecciones de las abejas, lo que a veces puede indicar diarreas y otras enfermedades que conviene atender.
  • Revisión del interior. En aquellas colmenas que hayan sobrevivido al invierno, conviene practicar una primera inspección a fondo. Se abre la colmena y se evalúan sus reservas, tomando nota de aquellas que no tengan comida para alimentar de emergencia. También se deben evaluar si hay puesta y su calidad y volumen. Si la cría es desigual, salteada y escasa, es posible que la reina sea ya vieja o defectuosa y convenga reemplazarla o fusionar esa colmena débil con otra. Esta revisión también debe buscar síntomas de enfermedades (presencia de varroa, loque…). Y, por último, servirá para eliminar panales con la cera ya envejecida y aportar cera nueva a la colonia, reorganizando y renovando así los nidos de cría.

2 – Alimentación de estímulo: clave en el arranque de la temporada apícola

Una de las tareas fundamentales del arranque de campaña será la estimulación con alimentación extra. Aquí tenemos que hablar de dos estrategias de alimentación, una orientada a colmenas que se han quedado sin reservas y necesitan comida para mantenerse, y otra, de estímulo, orientada a las colmenas que ya inician el desarrollo y requieren un empujón.

  • Alimentación de emergencia. Si una colmena se ha quedado sin reservas y no tiene todavía capacidad para generar suficientes ingresos desde el campo, se puede reforzar de emergencia. En este caso, lo mejor es alimentar con miel, que se aportará en forma de panales reservados de la cosecha o extraídos de colmenas más adelantadas (siempre con prudencia). También se puede recurrir a tortas proteicas, hechas, por ejemplo, con polen u otros productos con gran contenido en proteínas. Además, en el mercado hay soluciones ya preparadas en forma de pasta rica en azúcares y proteínas que las abejas consumen con facilidad. Si el invierno todavía no se ha ido del todo, es mejor recurrir a alimentos sólidos, dejando los líquidos para el momento en que la primavera ya esté presente.
  • Alimentación de estímulo. Si el apicultor ha sido cuidadoso durante el invierno, sus colmenas llegarán en buena forma al arranque de la temporada apícola y, entonces, lo que les vendrá bien será un acelerón en forma de alimentación estimulante. Se trata por un lado de aumentar el vigor de la colonia y, por otro, de hacer creer a las abejas que hay mucho néctar en el campo, con lo que incitarán a la reina a poner más, acelerando el ritmo de desarrollo.
    En estos casos, lo más recomendable es el alimento líquido, en forma de jarabe. El más básico es el que se elabora con agua y azúcar, a partes iguales o dos partes de agua por una de azúcar. También se puede hacer reemplazando el azúcar por miel. A partir de ahí, es frecuente también emplear glucosa, un derivado de los azúcares frutales que se extrae en los procesos de elaboración de productos como la mermelada. La glucosa se puede aportar sola o diluida con agua para facilitar su consumo. En todos los casos, la alimentación líquida debe hacerse en cantidades moderadas, para garantizar que la colonia consume el alimento y no lo almacena. Para suministrarlo, se pueden utilizar alimentadores o, si se prefiere, bolsas de plástico finas pinchadas con un alfiler para que suelten el alimento gota a gota.
    En cuanto a la frecuencia de alimentación, se recomienda aportar entre uno y dos litros de jarabe por semana.
    Un panal con pocas reservas de miel en el Arranque de la temporada apícola

    Si las abejas no tienen reservas, habrá que aportar alimentación extra. Foto: Robert Vincius, en Flickr.

Las alimentaciones estimulantes son muy interesantes en el manejo estratégico del apiario. Como recuerdan Carmelo Salvachúa y Elena Robles en su libro ‘Gestión zootécnica del vigor de las colonias de abejas’, esta alimentación es mucho más decisiva en años malos, cuando el campo no aporta suficientes recursos.  
De esa forma, si el apicultor calcula bien, la estimulación hará que las abejas lleguen completamente a tope a la parte más fuerte de la primavera, cuando el campo tiene más recursos y las abejas pueden aprovechar mejor las floraciones. Conviene recordar que, cuantas más abejas tiene una colmena, más cantidad de material vivo y de miel, polen, cera y propóleo es capaz de producir.

3 – Tratamientos contra varroa: importancia en el arranque de la temporada apícola

Como es bien sabido, la varroa es, actualmente, el mayor enemigo de las colmenas. Habitualmente, los apicultores tratan sus abejas al final de la temporada, entre final del verano y principios del otoño. En función de la técnica utilizada (rasca la cría, aplicación de diferentes principios activos…), las abejas habrán pasado el invierno más o menos limpias de varroa. Sin embargo, con la llegada del buen tiempo, los pocos ácaros que hayan sobrevivido pueden reactivarse y reinfestar las colonias. Por eso, es aconsejable tratar contra la varroa al principio de la temporada.

En el arranque de la temporada apícola, no conviene utilizar técnicas que puedan debilitar a las colmenas, como rascar la cría. Por eso, es mejor utilizar tratamientos en tiras (por contacto), líquidos (por ingestión) o sublimados o vaporizados.

Abeja infestada por ácaros de varroa

Una abeja infestada de varroas. En primavera, es básico combatir este parásito. Foto: Absolute Folly, en Flickr.

Tratar justo cuando todavía no hay cría, o muy poca, será clave para evitar que las varroas se se oculten en las celdillas de las larvas. Y todavía más importante  es evaluar el tratamiento: hacer conteos de varroas muertas, utilizar fondos sanitarios y, en definitiva, asegurarse de que la cura ha sido eficaz.

Si no se trata adecuadamente, o si el tratamiento falla, el apicultor puede tener un problema serio. En las colmenas débiles, la varroa se hará presente rápidamente y es probable que esas colonias no logren el vigor necesario para hacer una buena temporada. En las fuertes, quizá el daño tarde más en ser evidente y solo al final de la temporada será visible el nivel de infestación y la destrucción de abejas. Por eso, el tratamiento de primavera es vital para garantizar que la varroa no lastra la campaña.

4 – Reorganización de colmenas débiles

Otra tarea que conviene hacer a principios de temporada es reorganizar las colmenas flojas, faltas de fuerza suficiente para garantizar un buen desarrollo, o también las que se hayan quedado zanganeras.

Hay muchos motivos para que una colmena esté débil al final del invierno. Además de la propia falta de alimento y el desgaste del tiempo y el frío, lo más habitual es que la reina ya sea vieja y haya perdido capacidad. En algunos casos, incluso puede haber muerto y la colonia sobrevive con una abeja ponedora.

Un panal con pocas reservas de miel en el Arranque de la temporada apícola

Si las abejas no tienen reservas, habrá que aportar alimentación extra. Foto: Robert Vincius, en Flickr.

En todos estos casos, el apicultor debe tomar decisiones que le ahorrarán tiempo y dinero. Si la colonia es demasiado pequeña, quizá lo mejor sea dispersarla, limpiar la colmena y aprovecharla para otro enjambre. Si considera que todavía se puede salvar, recurrirá a técnicas para fusionar o reunir colmenas.

Al reunir colmenas, se debe hacer utilizando colonias en las que al menos una de las dos tenga una reina viable y de calidad. Esa reina fuerte será la dominante y se hará cargo de ambas familias, aunándolas y dándoles impulso.

El principio de la primavera es también el momento de trasvasar a colmenas los núcleos que hayan pasado el invierno en cajas portanúcleos. En algunos casos, estos núcleos se pueden reforzar fusionándolos con alguna de esas colmenas que se han quedado demasiado débiles.

5 – Planificación de núcleos: multiplicación del colmenar

Precisamente los núcleos son los protagonistas de la primavera y se deben empezar a planificar al principio de la estación. El apicultor debe calcular cuántas colmenas tiene y, en función de su estado, determinar cuántos núcleos podrán producirse.

Esos cálculos son importantes, porque, para hacer núcleos, el apicultor debe saber cuántos panales y cuántas cajas portanúcleos va a requerir. Además, si utiliza técnicas de cría de reinas para sus núcleos, deberá saber cuántas va tener que criar, o comprar a otros criadores.

Con toda esa información, el apicultor podrá trazar su estrategia para multiplicar el colmenar, evitando la aparición de enjambres y manejando el vigor de sus colonias de la mejor forma posible.

Así, por muchos motivos, el arranque de la temporada apícola es, seguramente, el momento más importante del año para los apicultores. De las decisiones tomadas en este periodo de inicio dependerá su temporada y, por tanto, su éxito.

 

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