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Propóleo sobre una colmena. Apicultura y miel.

Masas de propóleos en una colmena. Foto: OBA TTP, en Flickr.

De los muchos productos que ofrece la apicultura, hay uno que destaca por sus sorprendentes propiedades. Se trata del propóleo o propóleos, una especie de resina que las abejas utilizan a modo de cemento y barniz y que tiene grandes aplicaciones en la industria cosmética y farmacéutica.

Entre las muchas propiedades del propóleo, también denominado própolis, se encuentra la de ser antiinflamatorio. Además, el propóleo se considera un antibiótico natural. En este artículo te contamos qué es, cómo se produce, cómo se cosecha y para qué se utiliza el propóleo.

1 -¿Qué es el propóleo y cómo lo producen las abejas?

Todos los apicultores del mundo saben bien qué es el propóleo o própolis. Es esa sustancia espesa y muy pegajosa con la que las abejas rellenan cualquier hueco de la colmena, hacen firmes los panales, barnizan las paredes de su hogar o envuelven a posibles invasores muertos (insectos, roedores…).

Dentro de la colmena, cualquier espacio menor de 5,3 mm, que es el llamado ‘paso de abeja’, será inmediatamente rellenado con propóleo. La abeja reduce así huecos innecesarios y afianza el anclaje de los panales.

Para hacerlo, utiliza esta especie de pegamento o cemento que denominamos propóleos. Las abejas la elaboran recogiendo resinas, secreciones de la savia de árboles y plantas.
Las abejas pecoreadoras visitan plantas y árboles y encuentran estas sustancias resinosas en las axilas de hojas y en las yemas de ramas jóvenes. La recogen con sus mandíbulas y la mezclan con algo de cera y polen, y en ocasiones con aceites esenciales.

Abeja obrera sobre unas hojas recogiendo propóleo de color verde. Apicultura y miel.

El propóleo también puede ser verde, como el que recoge esta abeja. Foto: Wikicommons.

Amasan pequeñas pelotas de propóleos que prenden de sus patas traseras, igual que hacen con el polen. Así pueden transportar este material de construcción a las colmenas, donde es inmediatamente empleado en todo tipo de tareas: desde cierre de espacios, a barnizado de superficies, pasando por embalsamamiento de insectos, reptiles o roedores que, tras colarse en la colmena, han sido matados y no se pueden expulsar al exterior.

Los apicultores lo recogen a través de dos métodos principales:

  • Raspado. Se raspan con espátulas las partes donde las abejas crea depósitos de propóleo más voluminosos, como los cabezales de los panales. Se debe tener cuidado para que el própolis esté limpio y no lleve restos de madera u otros elementos contaminantes.
  • Trampas de propóleo. Se trata de mallas de plástico que los apicultores colocan sobre las alzas superiores. Al encontrar esos huecos ociosos, las abejas tratarán de taparlos con propóleo. Una vez propolizada por completo la malla, se recoge y se introduce unas horas en un congelador. Así, el frío solidificará el propóleo, que se podrá despegar fácilmente de la trampa.

Una vez recogido, se puede mantener simplemente a temperatura ambiente, y se puede también conservar en bolsas al vacío para que no pierda aromas.

2 – ¿Qué composición y qué propiedades tiene el propóleos?

El propóleo es,  como se ha señalado, una especie de pasta generalmente de color marrón, aunque los puede haber blancos, verdes, grises… en función de las plantas que lo producen. Si la temperatura está por encima de los 20º C, el propóleos aparecerá blando y maleable, como si fuera un chicle espeso. Si hace frío, puede estar duro e incluso quebradizo.

La composición del propóleos es variada. Su contenido mayor suele ser la resina y los bálsamos (un 55 por ciento de media). También lleva cera (sobre un 30 por ciento), aceites esenciales procedentes de las plantas en que se cosecha (aproximadamente un 10 por ciento) y polen (no más de un 5 por ciento). A partir de ahí, la composición es muy variada y se han determinado hasta 180 sustancias diferentes, muchas de las cuales son compuestos fenólicos, lo que hace que tenga cierta capacidad terapéutica. Además, en el propóleo se pueden encontrar minerales como el hierro o el cinc, vitaminas (A, B1, B2, B6, C, E, ácido nicotínico y ácido pantoténico) o taninos.

Bolas de propóleo. Apicultura y miel.

Propóleo ya cosechado y listo para su utilización. Foto: Rob Campbell, en Flickr.

En cuanto a  las propiedades del propóleo, son conocidas desde la antigüedad más remota. Ya los egipcios lo utilizan en sus rituales para embalsamar a los muertos y, después, griegos y romanos lo emplearon en múltiples preparados medicinales. De hecho, la palabra própolis es romana y significa ‘defensor de la ciudad’, lo que da una idea de la importancia que dio esa civilización a este producto natural.  Musulmanes  e incas también lo emplearon profusamente. Estos últimos, incluso para aplacar la fiebre.

En los siglos XIX y XX, en guerras como la de los Boers o en la revolución rusa, sirvió como base para ungüentos cicatrizantes, antisépticos y regeneradores. Parece que su efecto contra la gangrena quedó probado en esos conflictos bélicos.

Más recientemente, el propóleo se ha empleado habitualmente en las industrias cosmética y farmacéutica, que aprovecha algunas de sus cualidades medicinales, especialmente en tratamientos alternativos y complementarios.

Así, al propóleo se le atribuyen cualidades antibacterianas y cicatrizantes, antiinflamatorias y antivirales. Además, se considera que es antioxidante, inmunomodulador y antiasmático. Todas estas propiedades se deben a la presencia de esos compuestos fenólicos que se han mencionad antes.

3 – ¿Para qué se utiliza el própolis y en qué preparaciones?

En realidad, cabe señalar que muchas de estas propiedades están discutidas por la comunidad científica. Para muchos de los usos terapéuticos que se señalan no se han encontrado evidencias suficientes. Sin embargo, en algunos casos sí hay prueba de su eficacia. Por ejemplo, la Natural Medicines Comprehensive Database,  una de las referencias mundiales al catalogar los medicamentos naturales, considera al propóleos ‘posiblemente eficaz’ para los problemas bucales, como hinchazones o ampollas y llagas (mucositis oral). Los investigadores señalan que los enjuagues con propóleo contribuyen notablemente a eliminar estos problemas.

En esa línea, se han probado numerosas veces su cualidades antibacterianas. Uno de los trabajos más representativos en este sentido es el de Izabela Przybyłek and Tomasz M. Karpiński, publicado en 2019 en la revista Molecules. Estos investigadores concluyen que el própolis es eficaz como antibacteriano contra bacterias aeróbicas y anaeróbicas.

También se han visto buenos resultados al utilizar propóleos contra hongos y levaduras, por lo que se puede emplear en tratamientos contra la irritación de garganta, la inflamación de oídos, las carie o el acné. Además, hay muchos autores que lo consideran eficaz en quemaduras, problemas de piel, dolencias intestinales e incluso en enfermedades de la sangre. Sin embargo, conviene subrayar la falta de consenso científico en estos últimos usos. La mayoría de los estudios solo han encontrado evidencias preliminares, aunque aplicables a gran cantidad de dolencias y trastornos diferentes.

Hoy en día hay muchas preparaciones para consumir el propóleo. En las farmacias se dispensa en múltiples formatos, desde gotas, hasta pastillas, pasando por cremas, caramelos para chupar y otras formas. Se aconseja comprarlo en farmacias, porque  allí se ofrecen preparados estables y con cantidades y dosis apropiadas. En general, no se deben consumir más de 5mg por kilo de peso y día. Es decir, para una persona de 75 kg, la dosis diaria aconsejable sería de 350 mg.

Una abeja sobre un panal con gotas de propóleo en sus patas. Apicultura y miel.

El propóleo, claramente visible en las patas traseras de la obrera. Foto: Wikicommons.

Una de las maneras más habituales de consumirlo es en forma de tintura de propóleo. Se trata de un preparado hecho con alcohol etílico de 70º (etanol). Se macera durante una semana el propóleo puro (de máxima calidad) en el alcohol, de forma que el líquido resultante, la tintura, habrá atrapado las propiedades del propóleol. Se suele utilizar para gargarismos y también para ingerirla en dosis apropiadas.

Otra forma típica de preparación es el própolis mezclado con miel. La miel suele llevar algo de propóleo de forma natural, pero los apicultores añaden cantidades mayores para reforzar las propiedades medicinales de la miel.

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