apiterapia: imagen de una abeja con el aguijón a la vista - Apicultura y miel

El aguijón, perfectamente visible en el extremo del abdomen, Foto: US Bee Inventory and Monitoring LAB.

Todo el mundo sabe que las abejas pican. Lo que no todos saben es que el veneno de sus aguijones, la apitoxina, es un poderoso producto químico con múltiples aplicaciones. Se utiliza en cosmética, medicina y otros muchos usos. Te explicamos qué es, cómo se recoge y para qué sirve la apitoxina, el veneno de las abejas.

Cualquiera que haya sido picado por una abeja sabe lo que es la apitoxina, ese veneno que se inyecta en el cuerpo a través del aguijón, una especie de aguja finísima y dotada de ganchos como un arpón.

A muchas personas, la apitoxina les produce alergia en mayor o menor medida (incluso hay reacciones severas ante este tóxico). Sin embargo, para otras puede ser un producto beneficioso. Eso es lo que proponen los muchos sectores que utilizan la apitoxina para sus elaboraciones, como la industria cosmética, la farmacéutica o la de las terapias alternativas.

Para los apicultores, el veneno de abeja es un producto más de la colmena, como el pan de abeja o la jalea real, una fuente de ingresos complementaria y otra forma de obtener rentabilidad de sus colmenas. Sigue leyendo para averiguar todo sobre la toxina del veneno de las abejas.

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 -Qué es la apitoxina
2 – Cómo se produce y cosecha la apitoxina
3 – Apitoxina: beneficios para la salud
4 – Usos de la apitoxina: de los cosméticos a las terapias alternativas
5 – Bibliografía empleada

No todas las abejas tienen veneno, solo una parte pequeña de las más de 20.000 especies de abejas conocidas. Incluso dentro de especies como Apis mellifera, que sí tiene apitoxina, los zánganos, por ejemplo, no tienen aguijón.

Por tanto, la apitoxina es, sobre todo, una producción de las abejas obreras de especies como Apis mellifera. Veamos en qué consiste este sorprendente producto.

1 – Qué es la apitoxina

El veneno de las abejas es un líquido transparente que las abejas producen en una glándula de su aparato defensivo, que se ubica en el abdomen de las obreras y reinas y que incluye también el temido aguijón. Otra glándula parece implicada en el proceso de generación de veneno, pero no todos los investigadores coinciden en este aspecto.

El caso es que en esa parte del aparato defensivo se produce este líquido que, cuando es necesario, se bombea hacia el aguijón. Este es un conducto extremadamente delgado, mucho más fino que una aguja hipodérmica. Cuando la abeja lo clava en otro ser vivo, unos diminutos ganchos aferran el aguijón, que inmediatamente empieza a bombear el veneno. Se calcula que la cantidad de apitoxina que se inocula en cada picotazo es de un tercio de miligramo.

apiterapia: detalle del aguijón de una abeja. Apicultura y miel

En la imagen se aprecian los arponcillos del aguijón. Foto: US Bee Inventory and Monitoring Lab.

Si la abeja pica a un animal de su tamaño, puede recuperar su aguijón. Sin embargo, cuando pica a un animal de gran envergadura, o a una persona, el aguijón y parte del aparato defensivo se desgarran y la abeja muere poco después. El aguijón se queda clavado en el cuerpo atacado y termina de inyectar su carga tóxica.

Composición química de la apitoxina

El veneno tiene una composición compleja. Su base es ácida (pH 4,5 a 5,5) y uno de sus ingredientes fundamentales es el agua, un 88 por ciento del peso. A partir de ahí, tiene estos elementos destacados.

  • Aminoácidos, fosfolípidos y glúcidos (20 por ciento).
  • Aminas, especialmente histamina (2 por ciento)
  • Polipéptidos, como la melitina, la propelitina, la apamina y otras proteínas.
  • Enzimas, como la fosfolipasa A y la hialuronidasa.
  • Un péptido, el MCD.

Estos componentes, presentes en cantidades ínfimas, crean una combinación química muy especial que tiene diferentes efectos.

Así, por ejemplo, las aminas (histaminas) son las culpables del dolor y de la rápida inflamación que se asocia a las picaduras. Por su parte, militinas y fosfolipasa A se encargan de producir las reacciones alérgicas. En concreto, la fosfolipasa A tiene también la misión de destruir las paredes celulares y permitir así que la apitoxina penetre en las células de los organismos atacados.

La apamina es una neurotoxina, mientras que la hialuronidasa tiene la capacidad de dilatar los vasos sanguíneos y es hemolítico, con lo que ayuda a dispersar el veneno.

El MCD es un péptido, un tipo de aminoácido que se encarga de degradar los mastocitos, las células que almacena histaminas y que están repartidas por prácticamente todo el cuerpo. Al atacar estas células, se produce una liberación masiva de histamina, que aumenta la inflamación, produce edemas y puede desencadenar procesos de vasodilatación que se traducen en trastornos respiratorios e incluso cardiacos.

Por último, contiene también dopamina y noradrenalina, hormonas que actúan sobre el sistema nervioso.

Este conjunto químico está pensado para atacar a las células destruyendo sus membranas celulares y actuando sobre los receptores del dolor para producir una respuesta dolorosa aguda que el cerebro percibe como mucho mayor del daño real. Solo en algunas situaciones de reacción alérgica, la liberación de histaminas puede desembocar en crisis graves e, incluso, shocks anafilácticos, lo que puede llegar a causar la muerte en casos muy concretos.

2 – Cómo se produce y cosecha la apitoxina

A diferencia del resto de productos de la colmena, como la miel, la cera, el polen, el propóleo o la jalea real, la apitoxina no está disponible más que en el interior de las abejas. No la depositan en ningún lugar, sino que la generan cuando necesitan defender su colmena y atacar a algún potencial peligro.

Por tanto, la “cosecha” de veneno pasa por inducir en las abejas un estrés similar al que sienten cuando se enfrentan a un intruso y obligarlas a picar con su aguijón sobre un dispositivo capaz de recoger el líquido tóxico.

Para ello, los apicultores que cosechan este producto emplean un recolector de apitoxina. Se trata de una caja que tiene por un lado una lámina de vidrio y, sobre ella, unos alambres conectados a un alternador alimentado por baterías que envía a esos alambres suaves corrientes eléctricas.

abejas sobre un extractor de apitoxina. Apicultura y miel

Abejas, depositando su veneno sobre un extractor de apitoxina. Foto: Centro de Desarrollo Apícola, en Facebook.

El dispositivo se coloca ante la piquera y, cuando las abejas caminan sobre esos hilos, reciben pequeñas descargas eléctricas que las alteran y las inducen a emplear los aguijones. Las abejas tratan de atacar a la alambrada y “disparan” sus aguijones que, a su vez, liberan diminutas gotas de veneno que caen a la lámina de vidrio. Las abejas no sufren daños y el veneno se va a acumulando en el cristal, donde se seca al contacto con el aire.

Cuando el apicultor quiere cosechar, retira el dispositivo, extrae el cristal y lo raspa con una cuchilla para acumular el veneno seco.

Se debe manipular con guantes y mascarilla, puesto que en grandes cantidades el veneno puede ser bastante tóxico. Y debe ser almacenado en un lugar seguro, seco y fresco en un envase de cristal ámbar, para evitar que la luz solar lo degrade.

Si se cosecha en días secos y de calor, el sacado será rápido y la cosecha se podrá hacer fácilmente. Si se trabaja en condiciones de humedad, conviene secar previamente la lámina de vidrio para deshidratar completamente la apitoxina antes de recogerla.

La cosecha se hace en cada colmena cada dos o tres semanas, dejando tiempo para que descansen.

Los precios para la apitoxina a granel oscilan mucho en función de la demanda del mercado y de la disponibilidad de veneno, pero pueden llegar a alcanzar los 300 dólares por gramo, unos 273 euros.

3 – Apitoxina: beneficios para la salud

La apitoxina tiene interesantes beneficios para el organismo, por eso se emplea de muchas formas y con múltiples enfoques. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta que la apitoxina NO ES UN MEDICAMENTO.

Los principales beneficios reconocidos son estos.

Vacuna contra la alergia al veneno. haciendo buena la idea de que solo la dosis hace al veneno, la apitoxina se emplea en cantidades ínfimas para desensibilizar a las personas alérgicas a este tóxico. Se van suministrando pequeñas dosis hasta que la persona deja de sufrir respuestas extremas ante las picaduras.

Acción analgésica. Por su composición, la apitoxina puede funcionar como analgésico contra el dolor, especialmente en dolores articulares.

Acción antiinflamatoria. También tiene la capacidad de desinflamar tejidos, con lo que se ha empleado con cierto éxito en tratamientos contra enfermedades inflamatorias, como el reumatismo. También se emplea en tratamientos contra dolencias autoinmunes, como el lupus, la artritis, la artrosis o, incluso, la esclerosis múltiple.

Contraindicaciones de la apitoxina

A pesar de sus notables beneficios, la apitoxina también tiene contraindicaciones. Estas se dan, especialmente, en personas con hipersensibilidad alérgica al veneno de la abeja. Además, no se debe utilizar en pacientes cardiacos (miocarditis, pericarditis, angina de pecho…), ni en personas diabéticas o que sufran disfunciones renales. También está contraindicada en casos de arterioesclerosis.

apitoxina en polvo

Apitoxina en polvo, mezclada con polen, miel y propóleo.

Se recomienda que no se emplee en pacientes de enfermedades como la tuberculosis, las enfermedades hepáticas, la sífilis, la gonorrea, las anemias, los estados de agotamiento general, las úlceras gástricas y duodenales o los problemas psíquicos.

En mujeres embarazadas tampoco es recomendable.

En todo caso, es muy IMPORTANTE CONSULTAR CON UN MÉDICO ANTES DE SOMETERSE A CUALQUIER TIPO DE TRATAMIENTO QUE INCLUYA APITERAPIA.

4 – Usos de la apitoxina: de los cosméticos a las terapias alternativas

Gracias a estos importantes beneficios, el veneno de abeja se utiliza en múltiples aplicaciones e industrias que explotan sus cualidades. En algunos casos, se emplea desde hace tiempo, mientras que otros usos son todavía experimentales y están sujetos a investigación científica.

Los principales usos son estos:

Apiterapia, una práctica ya antigua

Quizá el uso más habitual de la apitoxina sea la apiterapia, una forma de medicina alternativa. Hay constancia de que ya en la Antigüedad se utilizaba para ciertos tratamientos, aunque ganó predicamento mundial a partir de la publicación en 1935 de los trabajos del médico húngaro Bodog F. Beck, quien acuñó la expresión apiterapia. Actualmente, este conjunto de técnicas y tratamientos no tiene respaldo científico y sus resultados no pueden considerarse evidencia médica.

un apiterapeuta hace que una abeja pique a una persona en una sesión de apiterapia con apitoxina Apicultura y miel

Imagen de una sesión de apiterapia.

Se tata de utilizar el veneno para tratar muchas afecciones. Para ello, se inyectan en el paciente mínimas dosis de apitoxina. Esto se puede hacer con inyecciones o directamente con abejas que se aplican sobre los puntos a tratar. La idea es que el veneno estimule una respuesta inmunológica en el paciente y eso acelere la curación de las dolencias.

Por la forma de aplicación, estas técnicas también se conocen como apicupuntura, una combinación de apiterapia y acupuntura.

El empleo de la apiterapia en enfermedades como la artritis y otras dolencias inflamatorias es frecuente. Sin embargo, no hay evidencias científicas sólidas que prueben sus beneficios en este ámbito. Uno de los trabajos más extensos, publicado por el Centro Nacional de Información y Biotecnología, del Gobierno de los Estados Unidos, considera que “es probable que la efectividad de BVA para la artritis sea un área prometedora de investigación futura”.

Investigaciones científicas

Desde la academia, se han hecho y se siguen haciendo gran cantidad de estudios para verificar la capacidad de la apitoxina como agente terapéutico. Por ejemplo, se investigan las posibilidades del veneno de abeja en la lucha contra algunos tipos de cáncer. También su eficacia para combatir el VIH o, incluso, en afecciones estomatológicas.

Sin embargo, los estudios actualmente no son más que exploratorios y, en general, se hacen sobre animales de laboratorio, con lo que no hay pruebas que demuestren que la apitoxina tiene efectos curativos.

abeja picando a una persona y liberando su apitoxina Apicultura y miel

Abeja picando a una persona.

 

Industria cosmética

Los fabricantes de cosméticos han encontrado en el veneno de abeja un producto muy atractivo. Por ejemplo, lo emplean para elaborar tónicos que tengan un efecto similar al del bótox o toxina botulínica, que tensa y alisa la piel, reduciendo las arrugas de expresión en tratamientos antiedad.

Los cosméticos basados en apitoxina suelen presentarse en forma de crema o de tónico facial, también sérums. Además, a menudo se combinan con otros productos de la colmena, como la jalea real o el propóleo.

Por otro lado, también se utiliza para cremas que traten la dermatitis atópica, una afección de la piel muy frecuente que produce picores, rojeces y descamaciones. Igualmente, se ha probado con éxito en tratamientos contra el acné, tan frecuente en los adolescentes, y contra la alopecia o calvicie masculina. En estos casos, el veneno es capaz de estimular el desarrollo de los folículos pilosos.

Finalmente, también se ha utilizado satisfactoriamente en la cicatrización de heridas, un aspecto en el que comparte cualidades con el propóleo y la propia miel.

La fama de la apitoxina en el ámbito de la belleza es tan grande que ha atraído incluso a celebridades, como la actriz Gwyneth Paltrow, que ha seguido tratamientos basados en el veneno apícola.

Todos estos usos de la apitoxina tienen un carácter más bien experimental y no deben tomarse como técnicas garantizadas. Debes recordar en todo momento que el veneno de la abeja es un elemento tóxico que puede provocar hipersensibilidades, alergias e incluso reacciones muy graves en personas alérgicas. Utiliza siempre con prudencia estos productos y, antes de someterte a cualquier terapia con apitoxina, consulta con un médico colegiado.

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