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Modificado por Redacción

un apicultor muestra sus guantes atacados por abejas de una colmena agresiva

Abejas, atacando a un apicultor. Foto: Todo tiempo pasado. En WikiCommons.

En ocasiones, alguna colonia resulta especialmente agresiva y es necesario tomar medidas. Aprende cómo manejar una colmena agresiva y cómo solucionar este problema.

Muchas veces, los apicultores se encuentran con colmenas agresivas. Son esas en las que el manejo siempre es complicado, las abejas atacan constantemente y se produce un alboroto que dura mucho tiempo y acaba contagiándose a otras colonias.

Una colmena agresiva es un problema, tanto para la gestión del colmenar, como para la seguridad de las personas que vivan cerca o pasen por las inmediaciones. Incluso a varios centenares de metros, una colmena con características violentas puede poner en apuros a las personas o los animales cercanos.

Ante una situación de este tipo, el apicultor debe saber cómo gestionar la colonia agresiva. Por un lado, es necesario detectar con seguridad la causa de este comportamiento de las abejas. Por otro, hay que saber cómo corregirlo y qué medidas tomar. En algunos casos, estas medidas pueden resultar extremas. Sigue leyendo para saber cómo solucionar este problema.

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 – ¿Por qué se vuelve agresiva una colmena?
Razones de este comportamiento
2 – Soluciones para una colmena agresiva
3 – Destrucción de una colonia de abejas agresiva
4 – Bibliografia empleada

1 – ¿Por qué se vuelve agresiva una colmena? Razones de este comportamiento

Ningún apicultor quiere trabajar con abejas agresivas o muy irritables. Son molestas, entorpecen su trabajo, atacan a otras abejas y, en muchas ocasiones, también a personas y animales ajenos a la explotación.

Por eso, la mayoría de los apicultores evita estas colmenas y busca la forma de modificar su comportamiento. Sin embargo, es frecuente encontrarse con una o varias colmenas cuya agresividad está muy por encima de lo normal y que responden con violencia al manejo o, simplemente, a la presencia del apicultor. Estas colmenas son problemáticas, porque, además de resultar un incordio para los apicultores, pueden ser un peligro y acabar causando males mayores, por ejemplo, en forma de sanciones administrativas.

Por eso, es importante saber qué sucede cuando una colmena se muestra así. Será una información clave para corregir el problema y evitar males mayores.

Abejas al ataque

En esos momentos, las abejas se lanzan sobre el cuerpo del apicultor, buscando un lugar donde clavar sus aguijones. Es normal encontrarse muchos hincados en guantes y velos. Y, por supuesto, si encuentran un hueco descubierto, aprovecharán para picar sin ningún temor. Al mismo tiempo, esas abejas emiten un zumbido claramente reconocible: intenso y prolongado, un sonido que habla de su estado de enfado. Y también esparcen por el aire un olor que el apicultor experimentado reconoce rápidamente. Es el inconfundible aroma de la 2 heptanona, una feromona que es liberada por las mandíbulas de las obreras guardianas y que llama al resto de abejas al combate.

abeja procedente de una colmena agresiva picando a una persona

Abeja picando a una persona.

Esa feromona se suma al olor del veneno que las abejas van inoculando en el cuerpo o las ropas de los apicultores. Ese olor marca de alguna forma el punto de ataque y atrae a otras obreras para que sigan defendiendo la colmena.

Este estado de alarma y alboroto puede ser muy breve o durar incluso días. Una colmena muy alterada puede reaccionar de forma violenta e inmediata uno o dos días después de haber iniciado su estado de alerta.

Además, es fácil observar cómo incluso colmenas que habitualmente resultan pacíficas, bajo determinadas circunstancias, pueden cambiar su carácter y volverse irritables de forma temporal o incluso definitiva.

Para entender esto, es necesario saber que el carácter de una colmena es un rasgo hereditario, genético, y, por tanto, se puede modular. Los apicultores llevan décadas seleccionando aquellas cepas y reinas que muestran un carácter más tranquilo y pacífico. Eso ha hecho que, en la mayoría de los casos, las abejas resulten muy poco agresivas.

Sin embargo, un cruce no controlado con uno o varios zánganos cuya genética incluya rasgos de irritabilidad puede dar al traste con esas tareas de selección y dar lugar a una colonia violenta. Y, a veces, el cambio se debe a circunstancias ambientales, a un mal manejo, a una crisis de alimento o a una enfermedad.

Causas ambientales para la agresividad temporal

Son muchas las causas que pueden desencadenar la agresividad temporal de una colmena. Las principales son estas:

– Climatología adversa. A las abejas no les gusta el mal tiempo. Con los días lluviosos y, especialmente, con los días de tormenta, se vuelven hostiles y mucho más agresivas de lo normal. Generalmente, esta situación de estrés termina cuando el sol vuelve a brillar y las pecoreadoras reestablecen la entrada de néctar y polen en la colmena. Sin embargo, es importante evitar cualquier manejo cuando el cielo amenaza tormenta.

– Mal manejo. Un manejo torpe por parte del apicultor también puede generar una respuesta violenta. Los golpes innecesarios, colocarse delante de la piquera, vestir de negro, trabajar sin humo, operar en las colmenas de noche… Son situaciones que habitualmente despiertan el mal humor de las abejas. A veces, el “enfado” de la colonia dura muchas horas, incluso días. Entre los manejos que más irritan a las abejas destacan los traslados. Sea como sea el transporte, es casi inevitable que las colmenas respondan de forma irascible y que se muestren estresadas durante algún tiempo después de llegar al destino.

apicultores manipulando una colmena agresiva

Apicultores rodeados de abejas agresivas.

 

– Olores. Las abejas son muy sensibles a los olores fuertes y desagradables. Por ejemplo, el olor del sudor humano o un perfume muy penetrante son estímulos que molestan a las colonias y hacen que las abejas quieran atacar. No es raro tampoco que un mal olor procedente de algún producto fitosanitario produzca también una situación de estrés-

 – Sequía o hambruna. En épocas de sequías muy fuertes, o cuando el campo apenas ofrece alimento y las colmenas pasan hambre, las abejas se muestran irascibles y prontas a picar.

– Plagas, parásitos e invasores. Cuando una colmena es atacada por alguna enfermedad, como la varroa, puede responder de forma agresiva, especialmente si la infestación es ya muy elevada. También se vuelve irascible si sufre alguna plaga o si es atacada por invasores, como hormigas, avispas asiáticas u orientales, roedores u otros atacantes. Incluso hay casos en que animales de gran porte, como osos o jabalíes, destruyen colmenas para comerse la miel y las abejas. Otras veces, vacas, caballos o ganado en general golpean y vuelcan las colmenas. Finalmente, puede ser que reaccionen con un exceso de celo a la presencia de personas en el apiario o sus cercanías.

– Pillaje. En situaciones de falta de comida en el campo, o si en la cosecha quedan restos de miel por el apiario o sus alrededores, es fácil que se desaten oleadas de pillaje. La comida fácil exacerba el sentido agresivo de las abejas, que pueden atacar a colmenas débiles e, incluso, destruir sus reservas en pocas horas. Tanto las pilladoras como las que son atacadas mostrarán una agresividad muy superior a lo normal.

Todos estados de alteración provocados por causas ambientales o de manejo suelen ser pasajeros. Por lo general, una vez que cesa el desencadenante del mal humor, las abejas agresivas retornan a su pacífica laboriosidad.

Causas biológicas para la agresividad permanente o de larga duración’’

En otras circunstancias, la agresividad es permanente o dura mucho tiempo. Esto se debe a cuestiones que tienen que ver con la biología o la genética de las abejas. Una colmena agresiva de forma constante responde a alguna de estas causas:

– Raza con rasgos agresivos. Hay razas de abejas que muestran un carácter más agresivo que otras de forma natural. Se debe a cómo se ha ido conformando la raza a lo largo del tiempo. Algunas abejas más violentas son las de raza negra, como la Apis mellifera iberiensis, o abeja ibérica, extendida sobre todo por España y Portugal. También es especialmente agresiva la abeja africanizada, presente en muchos países de América Latina. Esta abeja, Apis mellifera scutellata, es un cruce entre abejas africanas y abejas de origen europeo presentes en Sudamérica. Su agresividad es tan alta que los apicultores deben utilizar trajes de protección especial y ahumadores mucho más grandes que los convencionales. A cambio, es una abeja de gran producción.

apicultores trabajando en una colmena de abejas africanizadas, una colmena agresiva

Inspección de una colmena africanizada. A la izquierda, ahumador de gran tamaño. Foto: Agencia Brasilia, en Flickr.

– Genética puntualmente agresiva. Un colmenar puede estar compuesto por colmenas muy pacíficas y, de repente, una se torna agresiva. Esto se puede deber a varias causas. Por un lado, puede que la colonia hay cambiado de reina sin que el apicultor se percate, y que la nueva reina se haya cruzado con zánganos que aporten esa agresividad en sus genes. También puede ser que la reina haya sido criada por el apicultor (cría de reinas o desarrollo de núcleos), pero que no se haya controlado su fecundación y se dé el caso de que se haya apareado con zánganos de una cepa agresiva.
Incluso una reina puede cambiar. Como se sabe, se aparean con diferentes zánganos, con lo que pueden tener una reserva de esperma procedente de zánganos de líneas más irritables. Cuando la reina recurre a ese esperma, el rasgo agresivo puede expresarse en su descendencia.

Problemas con la reina. Otra situación frecuente en las colmenas es la pérdida de reina, bien porque esta haya muerto o haya perdido su capacidad para organizar y dirigir la colonia. También puede ser que las obreras hayan decidido reemplazarla, o que se haya producido un enjambre y la nueva reina todavía sea virgen. O que la colonia sea un núcleo y no tenga aún una reina fecundada. En cualquiera de estas circunstancias, en ausencia de feromona real, las abejas van a mostrarse siempre nerviosas y agresivas.

Exceso de fuerza. Una colmena demasiado fuerte puede ser irritable o violenta por su simple exceso de vigor. En situaciones como esta, las abejas son tan numerosas y tienen tanta potencia que resultan difíciles de manejar y pueden alterarse.

Estas situaciones de agresividad permanente son también reversibles. El apicultor debe saber qué hacer con una de estas colmenas agresivas.

2 – Soluciones para una colmena agresiva

Ante una colonia cuya actitud agresiva persiste en el tiempo, el apicultor debe tomar rápidamente medidas. Las más habituales tienen que ver con la sustitución de la reina por una que muestre un carácter más dócil. En el caso de trabajar con razas de naturaleza agresiva, como la africanizada, no hay mucho que hacer. Se trata solo de adaptar el manejo y tratar de que las colmenas no estén cerca de poblados o caminos transitados.

En cambio, en otras razas, incluso en la ibérica, se pueden seleccionar líneas genéticas más mansas. Para ello, el apicultor puede ir criando reinas a partir de aquellas colmenas más pacíficas, buscando madres que tengan las mejores características y, entre ellas, la mansedumbre.

La forma de trabajar en este caso sería la siguiente:

1 – Buscar y eliminar la reina agresiva. Si no está marcada, la tarea de encontrar la reina es un poco más laboriosa. Obliga al apicultor a revisar los panales uno por uno, o a utilizar trampas como excluidores de reina. Una vez localizada, debe ser eliminada sin dudar.

Una abeja reina sin marcar sobre un panal

Si la reina no está marcada, puede ser difícil de encontrar. Foto: Noelia, en Flickr.

 

 

2 – Introducir genética nueva. En la colmena sin reina, se pueden seguir varias estrategias. Lo más sencillo sería introducir una reina seleccionada ya fecundada. Para asegurar que la genética es de la mayor calidad, se puede comprar una reina fecundada a un criadero de prestigio. Si no, se puede tratar de controlar la fecundación, aunque siempre incluye algún riesgo de que, nuevamente, aparezcan zánganos no deseados. El proceso se puede hacer también con reinas no fecundadas, celdas reales o, incluso, eliminando toda la cría joven de la colmena orfanizada e introduciendo un panal con huevos o larvas de menos de tres días procedente de una colmena cuya reina tenga buenas características.

Finalmente, si lo que sucede es que la colonia es demasiado fuerte, se puede optar por dividirla. Hacer núcleos o paquetes, o incluso partirla en dos, parece una solución sencilla para resolver el problema de agresividad.

3 – Destrucción de una colonia de abejas agresiva

Con todo, en ocasiones no hay forma de domar la agresividad de una colmena. Una tras otra, sus reinas transmiten esa genética irritable y la colonia resulta imposible de pacificar. 
En situaciones como esta, puede ser necesaria la destrucción de la colmena y no hay que lamentarlo. Al contrario, es la solución última para un defecto que, si no se ataja, puede convertirse en un problema muy grave.

Para destruir una colmena agresiva, la mejor solución es asfixiarla. Se retira la posible miel que tenga y, después, se cierran todas las entradas. Se puede recurrir a productos como la gasolina que, vertida sobre una entretapa, produce vapores que ahogan a las abejas rápidamente. En todo caso, es un recurso peligroso de manejar.

Lo mejor es hacerlo de noche, de manera que todas las abejas agresivas queden confinadas. Si se hace de día, las abejas que están en el campo llegarán a una colmena cerrada, lo que exacerbará su agresividad.

Una vez muertas las abejas, conviene quemarlas para evitar que puedan convertirse en un atrayente para animales o plagas. Después, la colmena se limpia y se reutiliza.

Es una forma drástica de acabar con una colmena agresiva, pero, en muchas ocasiones, no queda mas remedio que tomar estas decisiones para acabar con una situación problemática.

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4 – Bibliografía empleada

Biri, Melchiorre & Prats, Carmen (1988) El gran libro de las abejas. Barcelona: Editorial de Vecchi.

Jean Prost, Pierre (2007) Apicultura. Conocimiento de la abeja. Manejo de la colmena. Barcelona: Editorial Mundi Prensa.

Lasanta, Eugenio (2018). Apicultura práctica tradicional y moderna: La esencia en el hexágono. Madrid: Liber Factory.

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2012) Iniciación a la apicultura. Tecnología y calendario. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Salvachúa, Carmelo & Robles, Elena (2003) Manual de apicultura práctica. Sector apícola Galego.

Libros para saber más sobre apicultura

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