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(Last Updated On: 2019-12-29)
Abejas con ácaros de varroa sobre su cuerpo.
La varroa es una enfermedad de las abejas adultas y de la cría y se considera uno de los principales enemigos de las abejas. Su efecto sobre los colmenares de prácticamente todo el mundo ha sido devastador en las últimas cuatro décadas y todavía está lejos de estar controlado.

Hoy en día, existen tratamientos que ayudan a combatir este peligroso parásito. Sin embargo, en temporadas de sequía, cuando las abejas están más débiles, se vuelve muy difícil de tratar y, si los apicultores no están atentos, causa estragos en las colonias.

En este artículo te explicamos todo lo que tienes que saber sobre la varroa, sus características, forma de actuar sobre las abejas y los métodos para combatirla. Sigue leyendo para saber todo lo necesario.

1 – ¿Qué es la varroa?

La varroa es un ácaro. Un diminuto artrópodo de color rojizo y ocho pequeñas patas que, como un piojo o una pulga, parasita a las abejas de las especies Apis Cerana (abeja asiática) y Apis Mellifera (abeja europea occidental).

Se conocen  varias especies dentro de este género de ácaros. Las más extendidas y peligrosas  son varroa jacobsoni, que ataca a la abeja asiática, y varroa destructor, que ataca a las abejas domésticas occidentales, las más comunes en la apicultura actual.

El ácaro solo puede vivir con las abejas y sobrevive muy poco tiempo cuando se aparta de su cuerpo o cae fuera de la colmena. Sin embargo, al parasitar a las abejas de tipo Apis Mellifera ha encontrado grandes facilidades para reproducirse, puesto que esta especie no tiene mecanismos de defensa naturales contra el ácaro.

Grupo de abejas con varroa sobre sus cuerpos.

2 – ¿De dónde viene la varroa?

El ácaro procede de las abejas asiáticas, Apis Cerana, a las que produce daños muy limitados. Posiblemente su origen está en Filipinas. Se considera que empezó a expandirse en 1877, cuando está documentada su llegada a Japón. Los investigadores consideran que dio el salto de la abeja asiática a la occidental hacia 1957 y, desde entonces, gracias a la creciente globalización, ha ido llegando a prácticamente todas las poblaciones de abejas domésticas. A Europa llegó en los años 80 del siglo XX y causó estragos entre las abejas, porque no sabían cómo protegerse de este agente agresor.

Hoy en día, la varroa se extiende por la mayor parte de los territorios apícolas del planeta. Solo está ausente en Australia, Nueva Zelanda y algunas islas remotas y territorios muy apartados.

3 – ¿Cómo se reproduce la varroa?

Las hembras de la varroa se introducen dentro de las celdillas de los panales. Lo hacen cuando las celdillas contienen una larva y están a punto de ser operculadas. Una vez dentro, se esconde en el fondo, detrás de la larva para evitar que las abejas que van a sellar la celdilla la expulsen. Ya tapada la celda, pone sus huevos, de los que nacerán nuevos ácaros en un plazo de entre 5,5 y 7 días si es de macho y de entre 7,5 y 9 días si es de hembra.

Las pequeñas larvas de varroa van naciendo y se alimentan de la abeja en estado de ninfa que se encuentra dentro de la celdilla. En ese mismo momento empieza el daño sobre las abejas, que ya nacen con problemas por culpa de esta parasitación.

Desde que nacen, las varroas empiezan nuevos ciclos de reproducción: los machos se aparean con sus hermanas de camada y, después, con sus hijas, con lo que la especie se multiplica a enorme velocidad.

Los machos siempre viven en la celdilla en que nacen. Sin embargo, las hembras saldrán al exterior cuando nazca la abeja que parasitan y se irán sobre ella a buscar nuevas celdillas que invadir. Esta fase de viaje sobre la abeja o el zángano se denomina fase forética y no es raro que los ácaros salgan incluso al exterior, acompañando a las abejas en sus tareas de pecoreo. Eso permite que se contagie la infestación a otras colmenas gracias a los procesos de deriva: las abejas se equivocan de colmena o son arrastradas a otras, en las que la varroa encuentra una nueva población que infestar.

4 – ¿Cómo se alimenta la varroa?

Durante mucho tiempo se ha pensado que la varroa se alimentaba de la hemolinfa, una especie de sangre que circula por el cuerpo de la abeja. Sin embargo, una investigación reciente dirigida por Samuel Ramsey, científico de la Universidad de Maryland, ha demostrado que en realidad se alimentan del tejido corporal graso de las abejas.

Este tejido graso tiene una función parecida a la del hígado de los humanos: elimina sustancias tóxicas y sintetiza enzimas, proteínas y glucosas. El desgaste de este tejido es especialmente clave en la etapa larval, justo cuando la varroa inicia su parasitación.

Una vez emergidos de la celdilla donde nacen, los ácaros de varroa van agarrados al abdomen y el tórax de la abeja y clavan sus mandíbulas en las partes blandas, succionando ese tejido corporal graso. Por si fuera poco, los orificios de sus mandíbulas son perfectos vectores de entrada para otras enfermedades como la loque, el pollo escayolado u otras virosis.

5 – ¿Cómo afecta la varroa a las abejas?

La varroa produce en las abejas una enfermedad que se denomina varroasis o varroosis. Al ser parasitadas desde ese estado larvario, las abejas nacen ya con serios problemas de salud. No es raro que su peso al nacer sea hasta un 30 por ciento inferior al que deberían tener.

La falta de peso se traduce en ausencia de proteínas en el cuerpo de la abeja, con lo que sus funciones vitales se ven deterioradas. Son abejas más pequeñas en las que es frecuente encontrar alas atrofiadas, lo que les impedirá volar.

La varroa necesita calor para aumentar su población, con lo que se expande en primavera y verano, parasitando más y más abejas. Mientras las colmenas están fuertes y muy pobladas, es difícil detectar síntomas. Sin embargo, a medida que la colonia pierde población, la varroa se hace más visible y más agresiva. Cuando llega el invierno, las abejas están tan debilitadas que ya no pueden mantener la colonia funcionando y la familia muere.

A menudo, la parasitación de larvas es tan fuerte que estas mueren sin llegar a salir de la celdilla. Entonces, las abejas adultas extraen los cadáveres de las celdillas royendo apresuradamente los opérculos.

Ninfa de abeja parasitada por varroa.

6 – ¿Qué tratamientos existen contra la varroasis?

Se conocen muchos tratamientos acaricidas que eliminan la varroa total o parcialmente. Sin embargo, muchos de ellos no eran todo lo eficaces que se esperaba porque no se conocía bien el mecanismo de alimentación de la varroa y se pensaba que se nutría de la hemolinfa. El descubrimiento de Ramsey, que averiguó que en realidad se alimentan del tejido graso, permitirá elaborar medicamentos más precisos.

Mientras llegan, se trabaja con diferentes principios activos.

Ácidos orgánicos. Se trata de ácidos extraídos de fuentes naturales, como plantas o animales. Los principales son el ácido oxálico (procede del género de plantas Oxalis), el ácido fórmico (llamado así porque es frecuente en las hormigas – formica, en latín); y el ácido láctico (se denomina así porque se aisló por primera vez en leche agria).

Extractos vegetales.  Determinadas plantas ofrecen aceites y otros productos con propiedades acaricidas. Los más utilizados son el timol, esencia de tomillo, y la rotenona, sustancia producida por determinadas leguminosas.

Productos químicos. Los laboratorios farmacéuticos han logrado desarrollar fármacos con efectos notables en la lucha contra la varroa. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que estas sustancias no pueden utilizarse en la apicultura orgánica (los ácidos orgánicos y los extractos vegetales sí pueden emplearse). Los productos químicos más conocidos contra la varroosis son: Fluvalinato, Flumetrina, Amitraz y Coumafos o Coumaphos. Todos estos compuestos han dado lugar a diferentes productos farmacéuticos que se administran a las abejas en forma de tablillas o tabletas que liberan el agente químico dentro de la colmena.

Fondo sanitario. Una de las herramientas más eficaces en la lucha contra la varroa es el fondo sanitario. Se trata de una base de colmena que lleva una rejilla de que deja pasar las varroas pero no las abejas. Cuando una varroa es afectada por el tratamiento médico, cae de la abeja. Sin embargo, si permanece dentro de la colmena puede acabar subiéndose a otra abeja. En cambio, si sale de la colmena a través del fondo sanitario de rejilla, ya no podrá atacar de nuevo.

Comportamiento higiénico. En muchas ocasiones, las abejas muestran un comportamiento higiénico denominado grooming. Estas abejas se limpian unas a otras eliminando los ácaros y evitando que estos invadan nuevas celdillas. Muchos criadores potencian la reproducción dea abejas con este comportamiento.

Rasca la cría. En los últimos años se ha extendido una práctica polémica denominada rasca la cría. Se trata de rascar las celdillas operculadas para matar la cría y obligar a las abejas a vaciarlas. En ese momento, se aplica alguno de los tratamientos, sean orgánicos o de síntesis.

Esta técnica responde a que los tratamientos son poco eficaces cuando la varroa está dentro de las celdillas, por eso, se aconseja aplicarlos cuando las colmenas tienen poco a ninguna cría. Esto hace que los apicultores tengan que retrasar los tratamientos al otoño o el invierno, cuando los niveles de infestación son tan altos que incluso puede ser ya demasiado tarde.

Los tratamientos deben aplicarse con gran cuidado para no molestar en exceso a las abejas y, sobre todo, para que los posibles residuos no contaminen la cosecha de miel. Por este motivo, se recomienda efectuarlos cuando la cosecha ya ha terminado.

En España, esta es la lista de medicamentos autorizados contra la varroa.

7 – ¿Cómo se diagnostica la varroosis?

Los apicultores poco experimentados tardan en percibir los síntomas de la varroa, lo que acaba por diezmar sus colmenas. Los más experimentados detectan rápidamente la sintomatología más visible:

  • Abejas pequeñas, con el abdomen reducido y las alas deformes.
  • Celdillas con el opérculo raído de forma irregular.
  • Ácaros de varroa sobre el abdomen y el tórax de las abejas.
  • Presencia de ácaros en las celdillas de cría operculada.

Para asegurarse de que existe varroa, lo mejor es llevar a cabo pruebas de diagnóstico. Las más sencillas son dos:

  • Desoperculado de celdillas. Se corta un trozo de panal con cría operculada, preferiblemente de de zánganos. Como la varroa tiene preferencia por estas celdillas, es más fácil encontrar ácaros en su interior. Se desopercula el trozo de panal, que deberá tener un decímetro cuadrado, unas 100 celdillas. Con un golpe seco se extraen las larvas y se cuentan las varroas adultas (de color marrón). El porcentaje de infestación será igual a número de varroas partido por número de larvas y el cociente, multiplicado por 100.
  • Método del azúcar glas. Una forma sencilla de detectar varroa es recoger unas 300 abejas vivas de una colmena e introducirlas en un bote de plástico que se tapará con tela de mosquitera. Se echan sobre las abejas dos cucharadas grandes de azúcar glas o flor y se mueve el bote para que las abejas queden bien cubiertas de azúcar. Eso hará que las varroas se desprendan y después se pueden voltear el bote y sacudirlo sobre una superficie limpia. Las varroas caerán por la mosquitera y se podrán recontar. Se multiplica su número por 1,3 y se divide el resultado entre 3. Eso dará el porcentaje de infestación.

Siempre que el porcentaje de infestación calculado para una colmena sea superior al 20 por ciento, conviene tomar medidas urgentes con tratamientos acaricidas.

8 – Consejos para luchar contra varroa

Lo más importante que debe saber un apicultor es que no hay tratamientos capaces de acabar de forma definitiva con la varroa. Es necesario comprender que esta enfermedad siempre estará en los colmenares, con mayor o menor incidencia, por lo que es preciso tratarla de forma continua.

Algunos consejos importantes para mantenerse en alerta contra varroa son estos:

1 – Respetar cuidadosamente los plazos y dosis prescritos en los tratamientos médicos.

2 – Alternar medicamentos para evitar resistencias a los principios activos.

3 – Tratar las colmenas al salir del invierno y en el otoño, apenas terminada la cosecha de miel.

4 – Tatar las colmenas cuando haya la menor cantidad posible de cría.

5 – Tratar las colmenas cuando la cosecha de miel ya esté recogida.

6 – Utilizar fondos sanitarios.

7 – Evitar el abandono de colmenas, porque son foco de infección.

8 – Avisar a otros compañeros cuando se detecten niveles altos de infestación.

9 – Realizar pruebas de diagnóstico frecuentes (azúcar o desoperculado).

10 – Observar atentamente las abejas en cada inspección a la búsqueda de alas atrofiadas u otros síntomas.

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