panal de abejas vacío por la sequía

Un panal vacío, ejemplo de la falta de cosecha que produce la sequía. Foto: Jen Heflin, en Flickr.

Los apicultores españoles viven un verano muy complicado. La fuerte sequía que atraviesa España, donde se han batido registros históricos de falta de precipitaciones, mantiene a la apicultura española en una situación muy complicada. Muchos profesionales ya hablan de colapso de las colmenas y la cosecha de 2022 será muy inferior a la media en la mayoría de las grandes regiones apícolas del país.

El mes de julio de 2022 fue el más cálido de la serie histórica en España y, además, el tercero más seco de lo que va de siglo. Sin lluvias importantes desde la primavera, España atraviesa una fuerte situación de sequía: los embalses están al 32 por ciento de su capacidad y la mayoría de los ríos discurren con caudales mínimos. Fuentes, manantiales y arroyos se han secado por todo el país y el campo, en general, está agostado y no ofrece apenas recursos.

Además, el fuerte calor -extremo en muchos lugares- ha hecho que muchas colmenas sucumban. En gran cantidad de casos, se han fundido los panales, acabando con las colonias. Por si fuera poco, en algunas zonas, como Castilla y León o la Comunidad Valenciana, muy castigadas por los incendios forestales, cientos de colmenas han sido pasto de las llamas y miles han perdido sus zonas de pecoreo.

Este cúmulo de circunstancias se une a una primavera fría y lluviosa, con lo que las abejas llegan al final de la campaña en una situación realmente compleja: bajas cosechas de miel, colmenas sin recursos y una perspectiva muy complicada de cara al otoño y el invierno.

Así las cosas, los apicultores han empezado a dejarse oír y a dar la alarma ante el peligro que corre buena parte del sector. En Andalucía, una de las regiones con más colmenas de España, registra una fuerte mortalidad de colmenas que Laura Gutiérrez, secretaria de la Asociación de Apicultores de Andalucía, cifra en el 50 por ciento de la cabaña.

embalse con muy poca agua por la sequía

La sequía y las olas de calor han dejado el campo en situación de alarma.

También en Andalucía, apicultores de las zonas altas de Jaén aseguran que la cosecha no pasará de cinco kilos de media por colmena, una cantidad que también se estima en las áreas ápicolas de Albacete.

En Guadalajara, donde la Alcarria destaca como una de las grandes zonas productoras de miel de España, se calculan pérdidas de entre el 60 y el 80 por ciento en las cosechas. De hecho, Antonio García, presidente de la Denominación de Origen Miel de la Alcarria, señalaba recientemente en la Cadena Ser que la media de miel por colmena en la zona rondará los dos kilos, cuando habitualmente se consiguen medias de 15 ó 18 kilos. Además, García también reseña gran cantidad de bajas en los apiarios y no duda en calificar lo que están viviendo como “un desastre total”.

La situación no es mejor en zonas habitualmente más frías o húmedas, como Navarra. Allí, Eduardo Pérez de Obanos, veterinario de la Asociación de Apicultores de Navarra, asegura que las cosechas de este año son “desastrosas” y calcula que se perderá al menos la mitad de la producción de miel. En cuanto a cantidad de miel, también considera que estará en torno a una media de ocho kilos por colmena.

En Aragón, otra comunidad de gran raigambre apícola, los números son parecidos. La sequía ha reducido las cosechas y algunos expertos evalúan la caída de la producción en un 80 por ciento. Allí, además del calor, los incendios que han asolado la zona del Moncayo han quemado colmenas y han dejado sin pastos a muchas otras.

En Castilla y León, otro tanto de lo mismo. En algunas zonas, como Zamora, los incendios han causado estragos. En León, en cambio, ha sido la sequía la que ha hundido la producción de miel. La Asociación de Apicultores de León comunica un descenso en la cosecha que se sitúa en el entorno del 50 por ciento. La situación es tan complicada que los apicultores han pedido a la Junta de Castilla y León un cambio en la normativa para poder reubicar las colmenas que han perdido sus hábitats por los incendios. Se trata de poder colocarlas en lugares donde ya hay otros asentamientos, aunque sea temporalmente.

panal de abejas vacío por la sequía

Fragmento de panal vacío y abandonado. Foto: Manel, en Flickr.

También en Castilla y León, los apicultores de Burgos hablan de una merma del 25 por ciento en la producción: una temporada “nefasta”, según declaraba Yolanda Martínez, vicepresidenta de la Asociación Provincial de Apicultores Burgaleses, al diario Burgos Conecta.

Otras zonas han capeado mejor el temporal, aunque también han notado pérdidas. Es el caso de la franja cantábrica, en la que los apicultores de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco encaran un final de temporada menos complicado, con producciones altas, aunque también algo mermadas por la sequía.

El abejaruco, un enemigo implacable para las abejas

En muchas zonas del país, especialmente en Andalucía, Extremadura y áreas de Castilla y León y Castilla – La Mancha, al calor y el fuego se ha sumado un enemigo tradicional, pero cada vez más fuerte: el abejaruco.

Este pájaro, que pasa el verano en España, ha proliferado de forma considerable en los últimos años y amenaza la viabilidad de gran cantidad de colmenares. Los profesionales denuncian que hay tantas aves que las abejas no se atreven a salir y no pecorean, ni siquiera en zonas donde el campo ofrece alimento.

Un abejaruco sobre un cable

Un ejemplar de abejaruco.

El abejaruco es una especie protegida en España, con lo que los apicultores no pueden defenderse de su presencia. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recomienda proteger los colmenares con telas, de forma que el pájaro no pueda acceder a las colmenas. Esta solución no convence a los apicultores que, en gran medida, practican la apicultura trashumante y tienen asentamientos muy grandes y difíciles de cubrir con lonas.

En otras regiones, especialmente Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco, donde el abejaruco tiene muy poca presencia, el problema son las avispas asiáticas, Vespa velutina, que siguen asediando los colmenares y produciendo graves pérdidas al sector.

Varroa, un año con gran afectación

Por si las colmenas no tuvieran bastantes problemas, en esta campaña 2022 la presencia de varroa en las colmenas resulta especialmente alta. Con las abejas tan debilitadas por el calor y la falta de alimento en el campo, los ácaros proliferan rápidamente y las infestaciones son muy elevadas.

Los expertos aconsejan adelantar los tratamientos todo lo posible, a fin de dar tiempo a las colonias a recuperarse del ataque de varroa durante el otoño y llegar fuertes al invierno. Además, recuerdan que los tratamientos son obligatorios y que es muy peligroso dejar colmenas sin tratar, porque se pueden convertir en reservorios de varroa e infestar a otras colonias rápidamente.

Costes de producción disparados y sin tarros de cristal

Para completar el sombrío panorama que vive la apicultura española este 2022, los costes de producción del sector se han disparado. El más llamativo es el del combustible, consecuencia de la crisis energética que ha producido la guerra de Ucrania. El carburante de los vehículos, especialmente el Diesel, se paga un 44 por ciento más caro que en el verano de 2022 y las ayudas estatales apenas mitigan esta carestía.

Además, la energía eléctrica también tiene sus precios disparados, lo que se notará en los obradores y salas de extracción, donde la maquinaria apícola, como extractores, desoperculadoras y bombas de trasiego necesitan electricidad para funcionar.

larva de abeja con ácaros de varroa

Ácaros de varroa sobre una larva de abeja.

 

Otros implementos también están dando quebraderos de cabeza a los apicultores. Es el caso del plástico, cuya escasez y carestía hace que falten determinados accesorios y equipamientos. Y, especialmente, faltan en el mercado tarros de cristal para envasar la miel. Los apicultores se quejan de que no encuentran apenas frascos y, si lo hacen, es a precios muy elevados que obligarán a subir también los precios de la miel.

Miguel Alonso Castro, veterinario de la Asociación Leonesa de Apicultores, explicaba al diario El País que “los botes de cristal para envasar la miel han duplicado su coste y ya andan alrededor del euro”.

En este caso, la falta de envases se debe a una bajada en la producción de las fábricas y, al tiempo, a compras masivas llevadas a cabo por grandes empresas, entre ellas alguna portuguesa, que han provocado este desabastecimiento de un implemento básico para la apicultura.

Competencia de mieles de mala calidad

Al complejo panorama hay que sumar un problema bien conocido: la competencia de mieles de baja calidad procedentes de países como China. Estas mieles, que utilizan triangulaciones fraudulentas para entrar en la Unión Europea y ser vendidas como “producto de la UE”, suelen contener notables cantidades de pesticidas y antibióticos. Y, en muchas ocasiones, son simplemente jarabes teñidos con un poco de miel.

Los apicultores de toda Europa exigen a la Unión normas más estrictas y controles firmes para impedir que estas mieles de baja calidad compitan de forma desleal con las mieles europeas. Sin embargo, la entrada de producto de fuera de la UE no se detiene.

De hecho, seguramente este 2022 esa entrada de mieles no europeas aumente, porque la guerra de Ucrania hará que falte mucha miel de este país en el mercado. Hay que recordar que Ucrania es el país con mayor producción de miel de toda Europa, con lo que será necesario evaluar el impacto de la guerra en su apicultura y en su presencia en los mercados de la UE.

dos colmenas con alimentadores para combatir la sequía

La alimentación artificia será un recurso imprescindible si no mejoran las condiciones del campo. Foto: S. Zelow, en Flickr.

Así las cosas, este 2022 ofrece un panorama poco halagüeño para la apicultura española y europea. Queda por ver si el otoño trae lluvias que hagan olvidar la sequía y las abejas pueden recuperarse de cara al invierno. De lo contrario, las bajas a fin de temporada serán notables y los apicultores estarán obligados a alimentar sus abejas durante los meses invernales.

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