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colmenas en un territorio muy florido y con poca carga apícola

A menudo, menos colmenas rinden más que un número superior. Foto: Franco Vannini, en Flickr.

 

La carga apícola es el concepto que define la cantidad de colmenas que puede mantener un territorio. Es una noción clave, porque de ella van a depender los rendimientos de las colonias. Si se explota demasiado la zona, las cosechas serán peores. Te contamos qué es y cómo se determina la carga apícola de un lugar.

¿Cuántas colmenas se deben poner en un determinado espacio? ¿Cuántas soporta el territorio que rodea el apiario? Esta es una pregunta que los apicultores se hacen a menudo y que tiene una respuesta muy complicada, porque siempre va a depender de las condiciones físicas y climatológicas de la ubicación. Para tratar de responder a esta duda surge un concepto que es preciso manejar: la carga apícola.

Al saber qué carga de colmenas y abejas puede tolerar o mantener una zona, el apicultor puede medir mejor la cantidad de colonias que debe manejar. También es importante saber si en los alrededores hay más colmenares, porque esas abejas competirán por el mismo territorio.

En este artículo te contamos qué es la carga apícola y cómo puedes calcularla. Aprende a determinar correctamente cuántas colmenas debes situar en cada asentamiento y mejora la producción de tus colonias.

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 – Qué es la carga apícola
2 – Cómo se calcula la carga apícola
3 – ¿Cuántas colmenas por hectárea debo poner?
4 – ¿Cuántas colmenas hacen falta en polinización?
5 – Bibliografía empleada>

 

1 – Qué es la carga apícola

Las abejas no saben nada de límites, linderos o fronteras. Para ellas, el territorio que rodea su colmena es su mundo y de ahí deben extraer sus recursos: néctar, mieladas, polen, propóleo y agua. Si ese territorio tiene poco que ofrecer (por sequía, por ejemplo), las abejas se ven obligadas a volar más lejos en busca de alimento. Muchas veces, sin que ese esfuerzo merezca la pena. Y, por supuesto, cuantas más colmenas se asienten en el entorno, antes se agotará la cantidad de recursos disponible.

Además, dado que las abejas ignoran la idea de delimitación geográfica, no hay forma de ceñirlas a un territorio concreto: competirán con las abejas de su propio apiario y con las de los cercanos, hasta que la tierra ofrezca la última gota de alimento.

Esta idea nos transmite una noción imprescindible en la apicultura: la capacidad de las abejas de explotar una zona es proporcional a la cantidad de abejas que haya. Cuantas más sean, antes se acabará la comida disponible. Es lo que se conoce como carga apícola.

El concepto de carga apícola define la cantidad de colmenas que puede soportar o mantener un territorio de forma que su explotación sea rentable para la apicultura. Siguiendo la descripción hecha por la Consejería de Medio Ambiente de Murcia en 2017, se trata de determinar el “número de colmenas que puede albergar cada monte, de manera que se garantice un aprovechamiento racional y sostenible”.

Muchas colmenas azules en un colmenar con gran carga apícola

Apiario sobrecargado de colmenas.

Esta descripción, como otras muchas parecidas, hace pensar que basta con hacer un simple cálculo matemático para determinar qué cantidad de colonias aguanta una zona rural o forestal. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El cálculo no es nada fácil, porque el apicultor debe tener en cuenta aspectos como el clima, la evolución histórica o el tipo de explotación y manejo que lleve a cabo.

A pesar de esa dificultad, es imprescindible calcular bien cuántas colmenas se deben instalar en un territorio, porque de esas cuentas dependerá en buena medida la cosecha y, por tanto, la rentabilidad del apiario y la explotación. A menudo, será más rentable instalar menos colmenas: el rendimiento por colonia será mayor, reduciendo el esfuerzo y las horas de trabajo del apicultor, que podrá manejar menos unidades y, por tanto, trabajar menos.

2 – Cómo se calcula la carga apícola

Para tener claro cuántas colmenas deben instalarse en un territorio, se parte de dos magnitudes:

1 – Extensión o superficie disponible para la pecorea. Se trata de delimitar de forma lo más precisa posible el territorio en el que se van a mover las abejas. Para ello, se debe trazar un círculo de un radio de unos 5 kilómetros con centro en el apiario. En realidad, el círculo podría ser más amplio, porque las abejas pueden llegar a volar 10 kilómetros en línea recta si es preciso, pero, en condiciones normales, no se alejarán más de unos 3-4 kilómetros, con lo que 5 kilómetros es un margen generoso.

Ese círculo determinará el área de acción del apiario y su superficie permitirá calcular la densidad de colmenas que soporta. Sin embargo, un círculo de esas dimensiones no siempre servirá para acotar el territorio de pecorea de un apiario: hay colmenares ubicados en valles estrechos, a orillas del mar o de grandes lagos, o en las inmediaciones de áreas desérticas, con lo que a menudo la extensión real de pecoreo será menor. Para medir con más precisión qué terreno está disponible para las colmenas, se pueden utilizar herramientas como las cartografías digitales. En España, el servicioSIGPAC, del Ministerio de Agriculturay las comunidades autónomas, es de gran ayuda.
2 – Cantidad de colmenas existentes ya en la extensión. Además de las propias, es posible que haya otras colonias en el territorio elegido. Esas otras colmenas deben entrar en los cálculos, porque competirán por buena parte de los recursos que existen en la zona. En algunos lugares, especialmente en zonas boscosas, será necesario contar también con la presencia de colonias silvestres.
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Una vez que se tienen estas dos magnitudes fundamentales, ya se pueden iniciar los cálculos. Pero, de nuevo, no es tan sencillo como realizar una simple división de hectáreas por colmenas. A ese cálculo, el apicultor deberá añadir otras variables que muchas veces tienen más que ver con su conocimiento del territorio y con su intuición que con valores científicos. Algunos de esos parámetros que se deben valorar son:

  • Biocenosis: Es el conjunto total de animales y plantas que viven en un mismo ecosistema o territorio. Las abejas tienen que competir con otros animales, por ejemplo, con otros polinizadores. Y también con el ganado y la fauna salvaje, que pueden comerse buena parte de la vegetación o agotar fuentes y manantiales.
  • Climatología: De nada sirven los cálculos de carga apícola si después la estación no es favorable. Contar con buenas predicciones climáticas y conocer a fondo el clima de la zona ayudará al apicultor a determinar mejor cuántas colmenas soportará el terreno.
  • Flora local: Resulta imprescindible conocer bien la flora de la zona y sus ciclos. La experiencia indica cuándo llegan las mieladas más fuertes, cuándo se terminan los flujos de néctar y en qué momento el campo, incluso teniendo flores, ya no ofrece realmente alimento.

colmenas en un risco en la montaña, con poca carga apícola

Buscar zonas con menos carga apícola lleva a elegir ubicaciones complicadas. Foto: Blenamiboa, en Flickr.

  • Histórico. La acumulación de información de años anteriores ayuda también a determinar la carga apícola. El apicultor debe saber cómo se ha comportado el territorio en años anteriores, para poder comparar y tomar decisiones mejor informadas.

Con todos estos datos en la ecuación, se pueden ya hacer números y calcular qué cantidad de colmenas es idónea para una zona.

3 – ¿Cuántas colmenas por hectárea debo poner?

En la naturaleza, las abejas no se agolpan. Tienden a distribuirse de tal forma que todas las colonias silvestres tengan suficiente campo para pecorear. En su libro ‘The lives of bees’, una obra imprescindible, el investigador Thomas D. Seeley cuenta cómo llegó a una conclusión relevante en 1978: las abejas silvestres que estudiaba por entonces en Estados Unidos vivían con una densidad media de una colonia por kilómetro cuadrado (100 hectáreas). Sin embargo, esa ratio de colonias no es algo constante. En su libro, recoge también las aportaciones de otros investigadores, que han encontrado densidades de 2,7 colonias por hectárea en Nueva York, al este de Estados Unidos, y de hasta 10,1 colmenas por hectárea en Texas, también en Estados Unidos. En cambio, aparecen probadas densidades de solo 0,1 colmenas por hectárea en Polonia, hasta 3,2 en Alemania y de entre 0,4 y 1,5 colmenas por hectárea en Australia.

Como se puede ver, en la naturaleza hay cierta disparidad en esa densidad de colmenas, pero, como dice el propio Seeley (2019:41), “la densidad de colonias silvestres es bastante baja, lo que quiere decir que, de media, los nidos de abejas están ampliamente espaciados”. En conclusión, que las abejas, de forma natural, se reparten el territorio para reducir la competencia por los recursos.

Tomando esa idea como centro, el cálculo de la carga apícola tratará de equilibrar la cantidad de colmenas, el alimento disponible y la rentabilidad de la explotación. Así, algunas cifras que se ofrecen habitualmente como referencias son estas:

  • Densidad en Francia: 1 colmena por hectárea en montaña y 3 colmenas por hectárea en zonas llanas y de cultivo.
  • Estados Unidos: por regla general, recomiendan aproximadamente 2 colonias por hectárea.
  • Región de Murcia: la legislación de Murcia, en el sudeste cálido de España, establece una recomendación de 2,54 colonias por hectárea.
  • Zonas de escasa flora apícola: 2 colonias por hectárea.
  • Zonas de abundante flora apícola: hasta 4 colmenas por hectárea.

apiario en una zona de escasa vegetación con poca carga apícola

La carga apícola debe ir acompasada al estado de la vegetación de la zona. Foto: Mhbol, en Flickr.

En todo caso, estos números son orientativos y siempre deben regir, ante todo, el sentido común y la experiencia de los apicultores.

Con todo, si se respetan estas ratios, se logrará un cierto equilibrio entre capacidad del territorio y capacidad de las pecoreadoras. Si ese equilibrio no existe, es fácil ver cómo las cosechas se reducen o, incluso, cómo aparecen fenómenos indeseados, como el pillaje entre colmenas. Son situaciones que se derivarán directamente de la falta de recursos en la zona.

4 – ¿Cuántas colmenas hacen falta en polinización?

Estos números que se han indicado en el apartado anterior están orientados a la producción de miel. Con ese objetivo, conviene reducir la cara apícola, a fin de que las colmenas aprovechen mejor el alimento disponible en el territorio. Sin embargo, esto cambia cuando se trata de polinizar.

Las abejas dedicadas a la polinización tienen una misión fundamental: que los cultivos se fecunden. A cambio, la producción de miel se considera un objetivo secundario. Por tanto, lo importante es garantizar que hay suficientes abejas para que todas las flores se polinicen, con lo que es necesario aumentar la carga apícola.

Al elevar la presión de abejas sobre el territorio, se garantiza que todas las flores son visitadas varias veces, asegurando su polinización.

Este manejo requiere más colmenas por hectárea, y el número va a depender del tipo de cultivo. Así, se puede tomar como referencia una cantidad de entre 4 y 10 colmenas por hectárea como norma general.

Si se atiende al tipo de cultivo, el Ministerio de Agricultura de España señala estas ratios:

Manzanos: de 2 a 4 colmenas por hectárea.

Perales: de 3,3 a 5,7 colmenas por hectárea.

Kiwi: de 10 a 20 colmenas por hectárea.

Almendros: de 8 a 10 colmenas por hectárea.

Melocotoneros y albaricoques: de 6 a 8 colmenas por hectárea.

Bayas: de 1 a 2 colmenas por hectárea.

Cerezos: 8 colmenas por hectárea.

Girasol: 1 o 2 colmenas por hectárea.

Estas cifras son siempre orientativas y dependerán también de lo pobladas que estén las colmenas, de si se pueden distribuir entre los cultivos o deben permanecer en los bordes y de las condiciones meteorológicas y el estadio de la floración.

Como se puede comprobar, la determinación de la carga apícola no resulta sencilla y se ve afectada por múltiples factores. Sin embargo, es un parámetro claven en el éxito de la apicultura.

5 – Bibliografía empelada

Biri, Melchiorre & Prats, Carmen (1988) El gran libro de las abejas. Barcelona: Editorial de Vecchi.

Jean Prost, Pierre (2007) Apicultura. Conocimiento de la abeja. Manejo de la colmena. Barcelona: Editorial Mundi Prensa.

Lasanta, Eugenio (2018). Apicultura práctica tradicional y moderna: La esencia en el hexágono. Madrid: Liber Factory.

Rallo, J. (1987) La apicultura orientada a la polinización frutal. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2012) Iniciación a la apicultura. Tecnología y calendario. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2007) Gestión zootécnica del vigor de las colonias de abejas. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Salvachúa, Carmelo & Robles, Elena (2003) Manual de apicultura práctica. Sector apícola Galego.

Seeley, Thomas D. (2019) The lives of bees. The untold Story of the honey bee in the wild. Princeton: Princeton University.

Libros para saber más sobre apicultura

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