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Modificado por Redacción

una abeja recogiendo polen en unapolinizacion dirigida en el que las abejas polinicen las flores que se les indiquen

Una abeja recogiendo polen. Foto: T. Gehling, en Flickr.

Investigadores argentinos han patentado un método para incentivar que las abejas polinicen de forma prioritaria las flores que interesen a los apicultores.

Las abejas son el principal agente de la polinización en todo el planeta. Su incesante labor recogiendo polen sirve para fecundar la mayor parte de los cultivos y la vegetación silvestre de mundo. Además, son generosas: polinizan a todas las plantas por igual, sin hacer distinciones.

Sin embargo, esta “generosidad” no siempre es lo que quieren los apicultores, que preferirían que sus abejas se concentrasen de forma puntual en determinadas flores. Por ejemplo, cuando se trata de polinizar cultivos o de cosechar mieles monoflorales.

Ahora, un equipo de la Universidad de Buenos Aires presenta un método para incentivar que las abejas polinicen de forma prioritaria determinadas especies vegetales, dejando en un lugar secundario las que resulten menos interesantes para la apicultura. Sigue leyendo para conocer en qué consiste esta innovación apícola que supone la aparición de la polinización dirigida y afecta directamente al manejo de las abejas en su trabajo en el campo.

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 – Método para que las abejas polinicen unas flores y no otras
2 – En qué consiste la polinización por las abejas
3 – El valor económico de la polinización
4 – Bibliografia empleada

1 – Método para que las abejas polinicen unas flores y no otras

Esta idea de la polinización dirigida es fruto del trabajo de un equipo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina. Estos científicos, encabezados por Walter Farina, profesor del departamento de Biodiversidad y Biología Experimental de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, e investigador UBA/CONICET, llevan años buscando la forma de “convencer” a las abejas para centren su trabajo de pecorea en determinadas flores.

Farina explica que han estudiado cómo se comunican las abejas la posición de las fuentes de alimento y también la calidad de este. Y parte fundamental de esa información es la orientación para llegar hasta el lugar donde están las flores o plantas que ofrecen el alimento. El investigador señala que “Las abejas se orientan por olores florales, los cuales van aprendiendo, situación que les permite volver al mismo lugar donde había recursos interesantes”.

A partir de esa idea central de trabajo, los investigadores se plantearon si habría alguna forma de “entrenar a grupos de individuos [abejas] para que vaya más rápido a una floración” concreta. Y, finalmente, encontraron la forma.

El método de “entrenamiento” consiste en utilizar fragancias que potencian el olor de cultivos específicos, como girasol, manzanas, peras, arándanos, kiwis o almendras. Actualmente han logrado ya fragancias potenciadoras para estos frutales y trabajan también en alfalfa, palta o aguacate, cereza o fresas.

abejas recogiendo polen de girasol en una polinizacion dirigida en el que las abejas polinicen las flores que se les indiquen

Abejas en una flor de girasol. Foto: USDA NRCS, en Flickr.

¿Cómo funcionan las fragancias potenciadoras?

Así, las fragancias desarrolladas por los científicos tienen el poder de aumentar la atracción que una determinada planta ejerce sobre las abejas. De esa forma, las pecoreadoras centrarán mucho más su atención en esa especie, cuya polinización se verá estimulada.

Para llegar a esta conclusión, los científicos de Buenos Aires trabajaron sobre las fragancias de las flores de los diferentes cultivos. Una vez analizadas, las sintetizaron, igual que hace un perfumista cuando produce un perfume a partir de flores u otras sustancias vegetales.

Con esos perfumes sintéticos, iniciaron una serie de pruebas para valorar si podían utilizarlos como atrayentes hacia cultivos específicos. Y Farina señala que rápidamente comprobaron que “las abejas entrenadas frente a un perfume sintético similar a la fragancia de las flores de un cultivo, iban más rápido al seleccionado por nosotros. Desencadenando así lo que esperábamos, un aumento en el rendimiento del girasol, en ese caso”.

Las “abejas de Pavlov”

La clave del método está en hacer creer a la abeja que el perfume sintético es natural y procede de las flores. Para ello, en el laboratorio se hace que las abejas huelan la fragancia sintética y, después, se les da una recompensa en forma de solución líquida azucarada. Es el mismo sistema que utilizó Ivan Pavlov para demostrar su célebre teoría del reflejo condicionado, más conocida como “los perros de Pavlov”.

Este método, que se utiliza para adiestrar a todo tipo de animales, se ha empleado también para que las abejas aprendan a encontrar, por ejemplo, explosivos u otras sustancias. Ahora, en Buenos Aires lo están empleando para convencer a las abejas de que elijan determinados olores en el campo.

De esa forma, una vez entrenada una cierta cantidad de abejas, basta con dejarlas nuevamente en la colmena y que se reintegren a sus tareas de pecorea. Su adiestramiento hará que busquen en el campo ese olor que han aprendido, esperando que, después, llegue la recompensa.

esquema de la polinizacion dirigida

Esquema de la polinización dirigida. Fuente: Equipo Farina, UBA.

La intensidad del reflejo condicionado es tan fuerte que las abejas adiestradas irán directamente a buscar el alimento allí donde esté la fragancia sintética. Después, “convencerán” a sus hermanas en la colmena a través de su comunicación basada en danzas.

En esos bailes de comunicación hay también intercambio de néctar “boca a boca”, una de las comportamientos que utilizan las abejas para contar a la colonia cómo es la comida que han encontrado. Con ese intercambio oral de néctar, se incluye también información sobre el olor de la fragancia sintética, con lo que las abejas no adiestradas aprenden también a encontrar ese perfume tan atractivo. Farina explica que eso produce “una memoria olfativa, y cuando salen a volar y se topan con un aroma similar, empiezan a recolectar enseguida”.

Para reforzar el efecto, las colmenas son alimentadas con un jarabe azucarado que lleva también la fragancia sintética. Así se consigue que la colonia entera tenga una inclinación marcada hacia determinado cultivo, obviando otros.

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Diez años buscando la polinización dirigida

No es la primera vez que se llevan a cabo intentos de lograr una polinización dirigida. Antes lo intentaron la extinta Unión Soviética y Alemania, pero sin éxito. Ahora, según explica el equipo de investigadores, los resultados son totalmente concluyentes: se puede lograr que las abejas polinicen las flores que se les indiquen.

Aunque los primeros hallazgos de este experimento se remontan a una década atrás, los investigadores han esperado hasta ahora para hacer públicos sus resultados a gran escala. Antes, han patentado el método, dado su potencial económico. De esa forma, estas fragancias se han patentado ya en Argentina, Estados Unidos y China, y están en trámites de patentarse en la Unión Europea, Australia y otros países de América Latina.

De momento, ya hay una empresa explotando estas patentes. Se trata de Beeflow, una compañía argentina especializada en técnicas de polinización mejorada.

2 – En qué consiste la polinización por las abejas

Al entrenar a las abejas para dar prioridad a determinados cultivos, los apicultores están contribuyendo a mejorar las tareas de polinización, que son muy rentables en términos económicos, tanto para los propios apicultores, como para los agricultores.

Si las abejas se centran en un cultivo, intensificarán la fecundación de las flores, con lo que las cosechas serán mejores. Además, también se puede utilizar esta técnica para mejorar la producción de mieles monoflorales, basadas en una única flor, como pueden ser las mieles de brezo, de azahar, de tomillo, de romero, de aguacate, etc.

Para el apicultor, es importante que una miel monofloral tenga la mayor cantidad de néctar y polen posible procedente de la planta que le interesa. Sin embargo, es muy rara la pureza: las abejas mezclan muchas flores en su trabajo, por lo que una miel monofloral es aquella en la que predomina un tipo de flor, pero rara vez es exclusiva. Con una técnica como esta de polinización dirigida, se podrían mejorar los porcentajes de néctar y polen exclusivos, produciendo mieles monoflorales mucho más “puras”.

Además, esta técnica puede ayudar a reducir los problemas de polinización cruzada que se dan en algunos puntos, como el Levante español, donde se intenta alejar a las colmenas de los campos de mandarinos para que no los polinicen, evitando así que las variedades de mandarinas sin semillas se hibriden con polen que haga que tengan semillas. Es lo que en Valencia y otras regiones se conoce como “la pinyolà”.

colmenas polinizando cultivos de almendros en un experimento de polinizacion dirigida en el que las abejas polinicen las flores que se les indiquen

Colmenas en cultivos de árboles frutales. Foto: Beeflow.

Polinización: la fecundación de las flores gracias a las abejas

La polinización es un proceso vital para la reproducción de muchas plantas, que consiste en el transporte de los granos de polen desde la parte masculina de una flor (estambre) hasta la parte femenina (estigma) de otra flor de la misma especie. De esta forma, se produce la fecundación de los óvulos y se forman las semillas y los frutos. La polinización puede ocurrir por medios abióticos, como el viento o el agua, o por medios bióticos, como los animales, especialmente los insectos, como las abejas, y, sobre todo, las abejas melíferas.

Las abejas son los polinizadores más importantes del mundo, ya que visitan una gran variedad de plantas para recolectar néctar y polen, que son su alimento.

En su pecorea, transportan el polen adherido a sus cuerpos de una flor a otra, facilitando así la polinización.

walter Farina, investigador que trabaja en polinizacion dirigida en el que las abejas polinicen las flores que se les indiquen

Walter Farina, con sus colmenas experimentales. Foto: Equipo Farina de la UBA.

Las abejas y las plantas han evolucionado juntas durante millones de años, estableciendo una relación de beneficio mutuo. Las plantas han desarrollado mecanismos para atraer a las abejas, como flores grandes, coloridas y aromáticas, que ofrecen néctar y polen abundantes. Las abejas, por su parte, han desarrollado adaptaciones para recolectar el polen, como pelos, patas y antenas especializadas.

La polinización de las abejas tiene un impacto positivo en la calidad y la cantidad de los frutos y las semillas de las plantas. Además, contribuye a la conservación de la biodiversidad, ya que favorece la reproducción y la dispersión de las especies vegetales. Así, las abejas son esenciales para el mantenimiento de los ecosistemas y los servicios ambientales que estos proporcionan.

Sin embargo, la polinización de las abejas se enfrenta a diversas amenazas, como la pérdida y fragmentación de hábitats, el uso de plaguicidas, las enfermedades, los parásitos, los cambios climáticos y la introducción de especies invasoras. Estos factores han provocado un declive de las poblaciones de abejas en muchas partes del mundo, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria y la salud de los ecosistemas.

3 – El valor económico de la polinización

La tarea de polinización que llevan a cabo las abejas tiene un enorme valor económico. Contribuye a la producción de alimentos para los seres humanos y los animales, así como a la conservación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Actualmente, se considera que alrededor de un tercio de la alimentación humana depende de la polinización realizada por las abejas y otros insectos. Entre los cultivos masivos que se benefician de la polinización de las abejas se encuentran las frutas, las hortalizas, las legumbres, los frutos secos, las especias, el café, el cacao, el algodón o el girasol. Pero también la vegetación silvestre se beneficia de esta tarea apícola.

Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el valor económico de la polinización de las abejas y otros polinizadores para la agricultura mundial se situó en 2016 en unos 235000 millones de dólares, lo que representa el 9,5% del valor de la producción agrícola mundial.

Otro estudio de Greenpeace calculó que el valor económico de la polinización de las abejas y otros polinizadores para la agricultura era de unos 265000 millones de euros anuales en todo el mundo, 22000 millones para Europa y más de 2400 millones de euros en el caso de España.

abejas almacenando polen en las celdillas de un panal

Abejas almacenando polen y miel en u panal. Foto: Emma Jane, en Flickr.

Estas cifras muestran la importancia de las abejas para la economía y la seguridad alimentaria, pero también para la salud de los ecosistemas y la diversidad biológica. En algunos lugares, la ausencia de abejas obliga a recurrir a métodos manuales o mecánicos de polinización, lo que encarece notablemente las cosechas.

 También son cifras que ayudan a entender mejor por qué es tan innovador e interesante este método de polinización dirigida que ha presentado la Universidad de Buenos Aires. Si se logra que las abejas polinicen las flores que se les indiquen, su trabajo será mucho más efectivo y, por tanto, más rentable.

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