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abejas gordas

Abejas sobre un panal. Foto: Rebecca Leaman, en Flickr.

Todos los apicultores han oído hablar de las abejas gordas, esas abejas ricas en reservas de proteínas y vitelogelina que afrontan los inviernos con garantías. Pero conseguir colmenas pobladas por abejas gordas en el momento exacto no es fácil. Te contamos qué son y cómo se consiguen.

Para que las colmenas pasen los inviernos sin demasiados problemas, no es suficiente con que tengan reservas de alimento. También es importante que sus propios cuerpos hayan hecho acopio de nutrientes. En su caso, esos nutrientes son, de forma muy especial, las proteínas, que se acumulan en los tejidos grasos o adiposos. Por eso, las abejas ricas en proteína son también abejas con mucha grasa: abejas gordas.

Al estar bien provistas de proteínas, son capaces de generar más energía, con lo que protegen mucho mejor a la colonia frente al frío y otras amenazas. Y, sobre todo, producen más jalea real y de mejor calidad.

En este artículo te explicamos en qué son esas abejas gordas, como se logra que engorden lo suficiente y qué beneficios tendrá para la colonia esa “reserva viva” de proteínas. Sigue leyendo y mejora la alimentación y la capacidad de resistencia de tus colonias.

A pesar de lo que muchas veces se piensa, el polen que tienen las abejas almacenado en la colmena no constituye una reserva a largo plazo. Generalmente, tienen lo que van a utilizar en unos pocos días. Por eso, pensando en un invierno de varios meses, no se puede confiar en ese polen almacenado como fuente de proteína para la colonia. Al contrario, habrá que contar con una gran “reserva viva” de proteína integrada en los propios cuerpos de las abejas gordas.

1 – Proteínas: el núcleo de la alimentación apícola

La proteína que almacena la colonia es, por tanto, clave para su supervivencia y también para su capacidad de producir jalea real. Cuanta más proteína, más tiempo viven las abejas y más fuerte es la colmena.

Esto se debe a la capacidad de las proteínas para servir como fuente de energía y, sobre todo, para dotar de componentes básicos que necesita el organismo de las abejas para su correcto funcionamiento.

Las proteínas son moléculas complejas compuestas por aminoácidos, que son los bloques de construcción fundamentales para la vida. En el caso de las abejas, estas moléculas juegan un papel crucial en casi todos los aspectos de su biología y comportamiento y son esenciales para el desarrollo de las abejas desde su etapa larval hasta la edad adulta.

Las larvas, especialmente, necesitan una dieta rica en proteínas para crecer adecuadamente y transformarse en abejas adultas saludables. Sin suficientes proteínas, el desarrollo puede verse comprometido, lo que resulta en abejas más pequeñas y débiles. Ese aporte proteico les llega a las larvas a través de la jalea real y del polen, principal fuente de proteína para la colmena.

larvas de abejas de diferentes edades

La presencia de mucha jalea en las celdas de cría es indicador de que hay proteína en la colmena. Foto: Vipin Baliga, en Flickr.

Más proteína: abejas más longevas

Las proteínas también son las responsables de la longevidad de las abejas: aquellas que se alimentan con dietas más ricas en proteínas viven más. Esto es realmente importante para las colonias, porque si las abejas viven más tiempo, la familia es mucho más fuerte.

Lo explicaba el especialista en nutrición apícola Quinn Wardell en la pasada Feria Meliza de Zamora: “Proteína es igual a longevidad”. Este experto señala que, si la colonia tiene un buen aporte de proteínas, sobre todo en forma de polen, “aumenta la proporción entre pecoreadoras y nodrizas a favor de esta, con lo que la cría está más sana y alimentada, se produce un exceso de jalea real que se puede repartir en la colonia y, de paso, aumenta la cantidad de proteína en abejas adultas”.

En cambio, en condiciones de campo pobres, faltan proteínas en la colonia porque entra poco polen o de mala calidad. Cuando sucede eso, las obreras “maduran” antes y salen al campo antes de tiempo, incluso cuatro días antes de lo que sería deseable, con los 17 o 18 días de vida. Lo hacen porque la falta de alimento obliga a intensificar su búsqueda, con lo que obreras que todavía no deberían ser pecoreadoras pasan a esta etapa.

Esa precocidad hace que se desequilibre el balance entre nodrizas y pecoreadoras a favor de las segundas, lo que supone que la colmena tenga menos abejas produciendo jalea real y alimentando a la cría. El resultado son abejas que viven menos y tienen menos recursos para sobrevivir a las inclemencias del invierno. Y todo, por la falta de proteínas.

2 – Qué son las abejas gordas: la vitelogenina

A esas abejas que viven más tiempo y tiene buenas reservas de proteína las llaman los apicultores de forma coloquial abejas gordas. Y tiene todo el sentido, porque son visiblemente más rollizas que otras.

Se ponen así de gordas porque acumulan las proteínas en los tejidos grasos de su cuerpo, especialmente en el abdomen. Allí se forma una combinación de proteínas, grasas y azúcares que se denomina también proteína corporal o vitelogenina.

La vitelogenina es una proteína ancestral con más de 700 millones de años de antigüedad que desempeña un papel fundamental en la biología de las abejas. Aunque originalmente se pensaba que su función principal estaba relacionada con la formación de huevos, investigaciones recientes han revelado que esta proteína es mucho más versátil y esencial de lo que se creía.

Hoy sabemos que la vitelogenina tiene al menos estas funciones en la colonia:

  • Inmunidad transgeneracional: Una de las funciones más sorprendentes de la vitelogenina es su capacidad para transmitir inmunidad de una generación a otra. Esta proteína puede unirse a fragmentos de patógenos y transferirlos a los huevos, preparando así a las crías para enfrentar amenazas potenciales en su entorno.
  • Longevidad y resistencia al estrés: La vitelogenina actúa como un antioxidante natural, eliminando los radicales libres del cuerpo de las abejas. Esto contribuye significativamente a la longevidad de la reina y las abejas de invierno.

abejas gordas sobre celdas de larvas y polen

El polen siempre está cercar de la cría. Foto: Emma Jane, en Flickr.

 

  • Regulación del comportamiento: Los niveles de vitelogenina en el cuerpo de las abejas influyen en su comportamiento y roles dentro de la colmena. Un alto nivel está asociado con las tareas de nodriza, mientras que una disminución en sus niveles coincide con la transición al pecoreo.
  • Producción de jalea real: Las abejas nodrizas utilizan la vitelogenina para producir jalea real, el alimento esencial para la reina y las larvas.

Así, la vitelogenina es básica en cualquier momento, pero, sobre todo, de cara al invierno, cuando la entrada de polen se va a limitar o incluso va a desaparecer y la colonia necesita ese recurso para mantenerse viva. Cuando llegue la escasez, las abejas podrán recurrir a esas reservas corporales y consumirlas para sobrevivir.

Por eso, las abejas de otoño son las que más vitelogenina acumulan en sus cuerpos. En las semanas previas a la invernada, su alimentación debe ser lo más proteica posible, para que la proteína sea abundante. Así, a medida que se reduce la cría, la proteína disponible en la colonia se va repartiendo entre estas abejas que tienen que pasar todo el inverno protegiendo a la reina.

Gracias a esa vitelogenina que reúnen en el otoño, las abejas gordas sobreviven al invierno. Y, además, son capaces de convertirse en nodrizas de nuevo para sacar adelante las primeras puestas de la reina al terminar la estación fría. Su cuerpo, todavía rico en proteínas, les permite volver a producir jalea real.

Sin embargo, no siempre se consiguen abejas ricas en vitelogenina, abejas gordas. Sequías, periodos de escasez y otras circunstancias se pueden conjugar para que la disponibilidad de proteína sea insuficiente y las abejas no engorden lo necesario.

3 – Así se consiguen abejas gordas

Según se ha visto en el punto anterior, el apicultor debe asegurarse de que sus colmenas afrontan el invierno con una población importante de abejas gordas. Es algo que debe verificarse en las revisiones de otoño y que se puede incentivar.

La clave, por supuesto, está en el polen (o en sus sustitutos). Si en otoño se mantiene una entrada de polen regular, las abejas dispondrán de proteínas en cantidad y variedad, con lo que la vitelogenina empezará a crecer en sus cuerpos. Si no hay suficiente aporte de polen, aparecen los problemas.

Hay algunas formas de saber cuándo hay proteína en abundancia o cuándo escasea:

  • Signos de abundancia: se nota que la colonia tiene proteína en abundancia cuando se aprecia entrada de abejas cargadas de polen, hay todavía cría de zánganos y las larvas “nadan” en gran cantidad de jalea o de “leche de larva”, el líquido con el que las nodrizas alimentan a la cría joven.
  • Signos de escasez: la falta de proteína se nota de forma muy visible en las llamadas “larvas secas”. Las larvas tienen muy poco alimento en sus celdillas, señal de que la colonia no dispone de suficiente proteína para generar más jalea. Además, cuando escasea el polen, la cría no aparece rodeada de este alimento, que las abejas siempre tienen cerca de las larvas.

Suplementar la alimentación con polen o alimentos protéicos

Si hay sospechas de que la ingesta de polen -y, por tanto, de proteína- no es suficiente, podría ser recomendable suplementar la alimentación de la colonia para reforzar sus reservas antes del invierno.

Uno de los grandes especialistas en esta materia es Randy Oliver, que ha estudiado la relación entre el polen y la vitelogenina. Según su experiencia, no hay mejor suplemento que el propio polen, sea de la propia explotación o de otras que ofrezcan garantías. Sin embargo, el polen es caro y requiere un tratamiento concreto para que las abejas lo aprovechen correctamente.

Colmenas en invierno: alimentación interior

En invierno, es mejor utilizar alimentación sólida, como las tortas protéicas. Foto: Thurld01, en Flickr.

Por eso, la mayoría de los apicultores recurre a suplementos proteicos elaborados con ingredientes que, de alguna forma, sustituyen al polen y ofrecen un aporte proteínico similar. Oliver señala que no hay ningún suplemento que sea realmente igual que el polen, aunque reconoce que algunos preparados comerciales “se acercan”.

Estos preparados suelen ser pastas o tortas proteicas, una suerte de masas elaboradas a partir de alimentos como el propio polen, levadura de cerveza, miel, harina de soja, etc. Sin embargo, no todos estos ingredientes son igual de beneficiosos.

En Meliza 2024, Quinn Wardell alertó sobre la harina de soja, que, según explicó, contiene inhibidores de la tripsina, que impiden que las abejas procesen las proteínas de la soja. Además, señaló que también lleva algunos azúcares, como estaquiosa y rafinosa, que pueden resultar toxicas para las abejas.

Este experto recomendó utilizar las tortas proteicas con sentido estratégico y método. Para empezar, este alimento se debe utilizar, sobre todo, en el otoño. Pero también cuando se van a hacer núcleos o a criar reinas, para aumentar la cantidad de jalea real disponible. Además, es importante que las tortas se coloquen cerca de los panales de cría.

colmena muy poblada de abejas gordas

Colmena muy poblada, objetivo de los apicultores. Foto: Roberto Vinicius, en Flickr.

Además, Wardell considera que la forma correcta de suplementar con proteínas es hacerlo durante al menos dos ciclos de cría, es decir, durante unas seis semanas. De esa forma, dos generaciones de abejas serán muy ricas en proteínas.

Y, por último, aconseja ser proactivos y no esperar a que las colmenas den síntomas de escasez. En su opinión, este tipo de piensos proteicos deben manejarse de forma estratégica y generalizada siempre que el apicultor sea consciente de que el campo no ha ofrecido suficiente proteína a las abejas.

Además, es útil manejar los suplementos proteicos en otros momentos, como el final de la invernada, para estimular la producción de jalea real, o cuando se va a criar reinas, por la misma razón. Esto hace que muchos investigadores trabajen en la búsqueda de sustitutos del polen y en el desarrollo de superalimentos para las abejas.

También se pueden añadir probióticos a la alimentación proteica, algo que ha demostrado que mejora notablemente la salud de las abejas.

Otras investigaciones apuntan a oligoelementos como el molibdeno para lograr mejores efectos en la alimentación de las abejas durante el invierno.

Por tanto, es importante que el apicultor conozca muy bien su territorio y sepa evaluar en qué medida sigue habiendo polen. En ese sentido, las inspecciones de final de verano y principios de otoño resultarán fundamentales para determinar si hay suficiente proteína en la colmena y, sobre todo, para detectar la presencia de esas importantísimas abejas gordas que asegurarán el éxito de la colonia durante el invierno.

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4 – Bibliografía empleada

Biri, Melchiorre & Prats, Carmen (1988) El gran libro de las abejas. Barcelona: Editorial de Vecchi.

Jean Prost, Pierre (2007) Apicultura. Conocimiento de la abeja. Manejo de la colmena. Barcelona: Editorial Mundi Prensa.

Keller, I., Fluri, P., & Imdorf, A. (2005). Pollen nutrition and colony development in honey bees—Part II. Bee World86(2), 27–34. https://doi.org/10.1080/0005772X.2005.11099650

Lasanta, Eugenio (2018). Apicultura práctica tradicional y moderna: La esencia en el hexágono. Madrid: Liber Factory.

 

Oliver, Randy (2007), Fat Bees – Part 1 y Fat Bees – Part 2. Scientific Beekeeping [Blog]
https://scientificbeekeeping-com.translate.goog/fat-bees-part-1/

Pitts-Singer, T; Artz, D; Peterson, S; Boyle, N; Wardell, G. (2018) Examination of a Managed Pollinator Strategy for Almond Production Using Apis mellifera (Hymenoptera: Apidae) and Osmia lignaria (Hymenoptera: Megachilidae)- Environmental Entomology47 (2), 364–377. https://doi.org/10.1093/ee/nvy009

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2012) Iniciación a la apicultura. Tecnología y calendario. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Salvachúa, Carmelo & Robles, Elena (2003) Manual de apicultura práctica. Sector apícola Galego.

Wilson, Noah (2014) La abeja. Una historia natural. Librería Universitaria de Barcelona: Barcelona.

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