Colmenas de corcho tradicionales - Apicultura Patrimonio de la Humanidad

La apicultura tradicional, un referente cultural en todo el mundo.

El Partido Socialista en el Parlamento de Andalucía (Psoe-A) quiere que la apicultura sea considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para ello, ha elaborado una proposición no de ley que será debatida en la cámara. De ser aprobada, la propuesta será elevada al organismo de Naciones Unidas para su valoración.

La importancia de la apicultura para los seres humanos es enorme. Por eso, el Partido Socialista de Andalucía (Psoe-A) quiere que esta actividad sea reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Los socialistas andaluces han registrado una proposición no de ley (PNL) que será debatida en la comisión de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible del Parlamento de Andalucía. En esa PNL se propone que este Parlamento inste a la Unesco a incluir a la apicultura entre los bienes considerados Patrimonio de la Humanidad.

En la PNL se expone que la apicultura es “una actividad imprescindible para nuestros ecosistemas naturales y agrarios, que gracias a la polinización se mantienen sanos y conservan su capacidad de regeneración ante las amenazas y ayuda en la protección de especies amenazadas, tanto vegetales como animales”.

Además, los promotores de la iniciativa valoran especialmente la apicultura trashumante, muy habitual en Andalucía y otras regiones de España, como Extremadura o la Comunidad Valenciana. Así, explican que la trashumancia apícola contribuye “a la conservación de la biodiversidad, al cuidado del medio ambiente, el enriquecimiento del paisaje, la variedad genética y las excepcionales características de los espacios de alto valor natural de Andalucía”.

Si el Parlamento de Andalucía decide apoyar la iniciativa de los socialistas, elevará a la Unesco la solicitud para que esta organización incluya a la apicultura entre los muchos bienes materiales e inmateriales que gozan de su protección.

Colmenas con varias alzas - la apicultura patrimonio de la humanidad

Colmenar en España.

Patrimonio de la Humanidad: ¿qué significa?

El programa de Patrimonio de la Humanidad (o Patrimonio Mundial) fue creado por la Unesco en 1972. Su objetivo es crear una lista de bienes que se consideran propiedad de toda la Humanidad y, por tanto, deben ser especialmente protegidos. Estos bienes pueden ser parajes naturales (bosques, costas, ríos, lagos…), y también obras del ser humano, como edificaciones, ciudades, complejos urbanísticos o, incluso, paisajes.

Además de lugares y construcciones, existe lo que se denomina Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que recoge bienes no tangibles, como algunas prácticas culturales, idiomas o músicas. Esta sección de la Unesco protege “tradiciones heredadas de nuestros antepasados, tales como tradiciones orales, artes escénicas, prácticas sociales, rituales y eventos festivos, conocimientos y prácticas sobre la naturaleza y el universo o los conocimientos y habilidades para producir artesanías tradicionales”.
En España, por ejemplo, tienen esta condición manifestaciones culturales como el flamenco, el silbo gomero, los Castells, las Fallas de Valencia o la dieta mediterránea, que no es un bien concreto, sino un conjunto de costumbres, tradiciones o prácticas.

Lo más probable es que, de aprobarse su consideración de bien Patrimonio de la Humanidad, la apicultura pase a engrosar esta lista del Patrimonio Inmaterial. Así, se recogería mejor su condición de práctica cultural, además de su vinculación a los diferentes ecosistemas del planeta.

Se considera que los bienes incluidos en estas listas pasan a ser “herencia de la Humanidad” y, por tanto, gozan de especial protección por parte de la Unesco, que dispone de un Fondo para la Conservación del Patrimonio Mundial. Ese fondo sirve para financiar el sostenimiento de los bienes y prácticas incluidos en el programa.

La apicultura de los árboles, la aportación polaca y bielorrusa

De hecho, ya hay una práctica apícola que forma parte de esta lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Se trata de la llamada “cultura apícola de los árboles”, una forma de apicultura tradicional que se practica en Polonia y Bielorrusia. Allí, los apicultores utilizan colmenas naturales elaboradas con troncos de árboles. Su trabajo busca no perturbar el ciclo biológico de las abejas y requiere un profundo conocimiento de la naturaleza y de las abejas.

En Bielorrusia, la apicultura se considera todo un atractivo turístico y son muchos los apicultores de todo el mundo que viajan a este país para conocer sus tradicionales formas de manejo apícola.

apicultura de ucrania: apicultor cosechando miel de un árbol

Un apicultor bielorruso cosecha miel de una colmena silvestre.

Otros intentos de proteger la apicultura como Patrimonio de la Humanidad

Esta iniciativa del Partido Socialista de Andalucía no es la primera que trata de poner la apicultura bajo protección de la Unesco. En los últimos años ha habido varios intentos que no han logrado fructificar. Uno de ellos, impulsado por el apicultor y biólogo Enrique Simó, ha logrado recoger más de 80000 firmas y adhesiones a través del portal de activismo Change.org.

Esta de Simó es una de las iniciativas más firmes y con más apoyo ciudadano detrás. Su impulsor la presenta asegurando que “Las abejas son un tesoro gracias al cual tenemos más del 70% de los alimentos que comemos según la FAO. Por eso debemos protegerlas URGENTEMENTE.”

Anteriormente, otras organizaciones, como la COAG, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, también han impulsado el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad para la apicultura. Fue en 2010, cuando se firmó el denominado Manifiesto Apícola de Bicorp, un documento que subrayaba la importancia histórica de la apicultura.

Fuera de España, destacan intentos como el de Eslovenia, un país de gran tradición apícola, que también ha propuesto que su apicultura forme parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Apicultura de la Unión Europea: colmenas en Rumanía

Un típico colmenar rumano. Foto: NH53, en Flickr.

Una actividad clave para la Humanidad

La apicultura lleva con los seres humanos desde la Prehistoria. En España, la célebre Cueva de la Araña, en Bicorp, Valencia, alberga la manifestación más antigua de esa relación: una pintura rupestre que representa a una apicultora trabajando hace más de 7000 años.

Cueva de la Araña en Bicorp: una apicultora recogiendo miel en un grabado prehistórico Patrimonio de la Humanidad

Grabado de una apicultora en la Cueva de la Araña, de Bicorp, Valencia.

Desde entonces, prácticamente todas las culturas del planeta han tenido contacto con las abejas. Hoy en día, la importancia de la apicultura es tan grande que el Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación, FAO, considera que las abejas son responsables de la polinización de más del 70 por ciento de los alimentos que consumimos.

En 2020, los datos mostraban que en todo el mundo se contabilizan unos 94 millones de colmenas (sin contar las silvestres), lo que supone una producción mundial de miel de aproximadamente 1,85 millones de toneladas.

 

En España, la apicultura es una actividad de gran implantación. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los colmenares españoles acogían a finales de 2021 más de 3.049.000 colmenas, un 80 por ciento de las cuales están en manos de apicultores profesionales. El sector cuenta con unos 35000 apicultores que producen en torno a 30000 toneladas de miel, lo que sitúa a España como el mayor productor de la Unión Europea y el segundo mayor de Europa, solo superada por Ucrania.

La apicultura es, por tanto, una práctica agro-ganadera básica para el sostenimiento de los ecosistemas y de la cadena de producción de alimentos. Claves en la polinización, las abejas soportan multitud de amenazas, como enfermedades globales (varroa, nosema-ceranae, síndrome del colapso de las colmenas…), el impacto de fitosanitarios y pesticidas, la deforestación y pérdida de ecosistemas y, cada vez más, el cambio climático. Por todos estos motivos, considerar la apicultura como Patrimonio de la Humanidad parece algo realmente justificado.

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