Modificado por Redacción

colmenas de la apicultura española

Colmenas en la costa andaluza.

Las grandes regiones apícolas españolas acusan el impacto de un verano de temperaturas extremas y enormes incendios forestales. Ante una situación realmente complicada, la apicultura española pide ayudas a la Administración para hacer frente al final de la campaña.

La temporada apícola 2026 está siendo muy irregular en España. En algunas zonas, un invierno y una primavera favorables han propiciado una buena campaña veraniega. Sin embargo, en las grandes regiones apícolas, el verano ha resultado extremadamente duro y los apicultores están contra las cuerdas. Olas de calor extremo y pavorosos incendios forestales han golpeado a un sector que lleva varios años sin levantar cabeza.

Ante esta situación, los apicultores vuelven a solicitar la intervención del Estado y buena parte de la apicultura española ha pedido ayudas al Gobierno. Se trata de recibir un apoyo económico que permita al sector superar el verano y afrontar con garantías la próxima temporada.

Extremadura y Castilla y León, las dos regiones apícolas más importantes, han reclamado a las administraciones más ayudas. En otras zonas, como Galicia y Andalucía, la preocupación está centrada en el acoso de las avispas invasoras. Además, los incendios se han cebado con colmenares de Andalucía y Madrid, donde se han perdido miles de colmenas.

ÍNDICE DEL ARTÍCULO
1 – La apicultura española reclama nuevas ayudas
2 – Un verano de calor, incendios, avispas y abejarucos
3 – Colmenas en los montes quemados: una propuesta llamativa

Los primeros síntomas de un verano complicado llegaron con el final de la primavera. Ya en los últimos días de mayo, en Apicultura y Miel publicábamos un análisis en el que se informaba sobre malas cosechas primaverales en muchas zonas y gran preocupación sobre lo que podría deparar un verano que se presentía complejo. El paso de los meses no ha hecho más que confirmar aquellas malas sensaciones de los apicultores. Ahora, muchos de ellos reclaman que se les preste ayuda urgente.

1 – La apicultura española reclama nuevas ayudas

El primer territorio en levantar la voz ha sido Castilla y León, una de las regiones apícolas más importantes de España. Allí, en declaraciones al diario El Norte de Castilla, Santiago Canete, presidente de Reina Kilama, la mayor cooperativa apícola del país, aseguraba que “no llueve desde el mes de mayo, se mete una ola de calor de 40 º tras otra, y a mediados de julio el campo ya está frito. Este año, la única producción un poco de miel que va a haber es el girasol, que aguanta mucho, pero lo que es la miel de brezo, de roble o encina es un desastre”.

Según este experimentado apicultor, a los efectos de las olas de calor, hay que sumar el acoso de la varroa, los daños producidos por los incendios, las avispas asiáticas, los abejarucos y, en algunas comarcas, incluso los osos. Por si fuera poco, los costes de producción siguen muy altos por culpa de la carestía del combustible, impulsado por la inacabable guerra de Estados Unidos contra Irán. En este punto, cabe recordar que la apicultura no ha sido incluida en las ayudas gubernamentales para que ganadería y agricultura hagan frente al coste de los carburantes.

Así, en Castilla y León se habla de una cosecha de verano que estaría un 50 por ciento por debajo de lo normal, y se teme la llegada del otoño y el invierno porque las colmenas están débiles y se esperan muchas muertes de colonias.

El presidente de Reina Kilama también explica que han solicitado una reunión con la Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla y León para tratar la situación y, sin embargo, este organismo no ha querido recibirlos. “Se le escribió una carta al consejero pidiéndole una reunión para analizar la problemática del sector y la carta iba firmada por Coag, Asaja y nosotros y se nos dejó fuera”, lamenta Canete, que recuerda que su cooperativa cuenta con 150 socios profesionales, la mitad de la apicultura profesional de la región.

Extremadura pide un plan de choque urgente

Si la situación de los apicultores castellanoleoneses es mala, la de sus colegas extremeños no es mejor. La otra gran región productora de miel vive un verano realmente complicado, con fuertes olas de calor y lo que los apicultores denominan “plaga de abejarucos”.

Desde Apaex, la Asociación Profesional Extremeña de Apicultores, se ha solicitado a María Guardiola, presidenta de la Junta de Extremadura, que tome medidas “urgentes”. Consideran que la situación es “dramática” y se quejan de que el consejero de Agricultura, Juan José García, “ha hecho oídos sordos a este problema y literalmente en la reunión que mantuvo con el sector rechazo su necesidad y justificación.” 

colmenas de la apicultura española en 2026

Un apiario en Málaga. Foto: Museo de la Miel de Málaga.

En la misma línea se ha manifestado la organización agraria UPA-UCE Extremadura. Su dirigente Jamaica Risco ha reclamado también “medidas urgentes”, tanto a la Junta, como al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Para Risco, la caída de la producción se cifra también en un 50 por ciento para las explotaciones extremeñas. Estoe va ligado, además, al aumento de costes, algo especialmente lesivo en una apicultura mayoritariamente trashumante, como es la de Extremadura.

Otra organización agraria, APAG-Extremadura, se ha sumado a estas quejas y ha señalado mortandades de colmenas de hasta el 40 por ciento por la confluencia de calor, varroa e incendios forestales. Los responsables de esta entidad también señalan especialmente el daño que causan los abejarucos.

Galicia, en jaque por la velutina

En la franja norte del país, la situación climatológica ha sido más favorable, con menos calor que en años anteriores, lo que ha favorecido la cosecha de verano, que, en general, ha sido mejor que en 2025. Sin embargo, el problema está en la enorme presión de las avispas asiáticas sobre las colmenas.

Este escenario resulta especialmente grave en Galicia, donde los apicultores y expertos en velutina ya advirtieron a principios de verano de que esta temporada de 2026 será la peor. La presencia de las avispas se hace asfixiante y los apicultores sufren continuas pérdidas de colmenas, lo que empeora su situación general. Solo en el mes de junio, se recibieron más de 7.400 alertas por velutina en toda Galicia, más del triple de las registradas en junio de 2025.

Una avispa velutina sobre su nido - trampa para vespa velutina

Una avispa sobre un panal con larvas. Foto: Gilles San Martin, en Flickr.

Así las cosas, el Psoe de Galicia ha reclamado a la Xunta la puesta en marcha de un “plan integral” que sirva para atajar el cúmulo de problemas que vive la apicultura regional. Para la diputada socialista Lara Méndez, en los últimos años la producción de miel se ha reducido en un 50 por ciento, especialmente por el acoso de la avispa asiática. Según esta representante política, “la Xunta, que tiene las competencias para combatir esta plaga, mira para otro lado o, en el mejor de los casos, moviliza unos medios ridículos”.

Las avispas asiáticas también causan daños notables en otras zonas, especialmente Asturias, Cantabria y País Vasco. Y en el sur de España, el problema también tiene forma de avispa, pero diferente nombre. En este caso, se trata del avispón oriental, que continúa su expansión por Andalucía.

A lo largo del verano, el avispón oriental (Vespa orientalis) ha duplicado su presencia en Málaga, se ha hecho fuerte en Córdoba y se ha dejado ver incluso en parques urbanos, como el concurrido Parque de María Luisa de Sevilla.

2 – Un verano de calor, incendios, avispas y abejarucos

La complicada posición en que se encuentra la apicultura española en este 2026 se parece mucho a la vivida en varios de los últimos veranos, salvo el de 2024, que resultó algo mejor. La responsabilidad de este escenario, que muchos califican de desastroso, es compartida: se reparte entre la sucesión de fuertes olas de calor, la duración de la sequía, el avance de patógenos como la varroa, el acoso de depredadores como las avispas o los abejarucos y, puntualmente, la destrucción que provocan los incendios forestales.

El verano de 2026 ha traído algunas noticias muy negativas en lo climatológico. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, el mes de julio ha sido el más cálido de la serie histórica, empatado con el de 2022. Además, ha sido el mes de julio más seco en España desde que hay registros. El mes de agosto que ahora termina parece haber sido menos cálido, pero no ha dejado precipitaciones de valor, solo grandes tormentas muy localizadas.

Este panorama meteorológico ha dejado tras de si varias olas de calor de gran intensidad y una notable sequía en gran parte del país. Las floraciones de verano se han agotado rápidamente o directamente no han hecho acto de presencia, y el intenso calor ha secado los mielatos, dificultando su recolección.

La falta de polen y néctar debilita las colmenas, lo que facilita el trabajo a problemas como varroa, que se aprovecha de estos escenarios de debilidad para proliferar y socavar la salud de las colmenas.

En muchas zonas, especialmente de la zona centro del país, hay que sumar el acoso de los abejarucos, que presionan también sobre las abejas y causan importantes daños.

Un abejaruco sobre un cable

Un ejemplar de abejaruco.

Por si fuera poco, los incendios han vuelto a ser devastadores, afectando a grandes zonas apícolas y destruyendo miles de colmenas.

Cabe señalar que no solo la apicultura española acusa la dureza del verano. En otros países de Europa, la falta de lluvias también complica la supervivencia de las abejas. El caso más dramático es el de Hungría. Allí, la Asociación Apícola Nacional ha advertido de que la sequía que vive el país pone en peligro al 80 por ciento de las colmenas.

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3 – Colmenas en los montes quemados: una propuesta llamativa

De vuelta en España, los impresionantes incendios forestales que han afectado a zonas de Andalucía, Castilla y León, Extremadura, Castilla-La Mancha o Madrid, han asestado un duro golpe a la apicultura de estas regiones.

En Castilla-La Mancha, por ejemplo, se calcula que hasta 5000 colmenas se han perdido en los incendios de la Sierra Norte, que devastaron al menos 35000 hectáreas. Más de 70 apicultores han sufrido daños en sus apiarios y se calcula que harán falta dos años para que el terreno quemado recupere su potencial apícola.

En la Sierra Oeste de Madrid, en un entorno que limita con Castilla y León y con Castilla La Mancha, se han quemado más de 70000 hectáreas en el que se considera ya el mayor incendio de la historia de España. Allí, al menos 1000 colmenas se han quemado, lo que supone un seis por ciento de la cabaña apícola madrileña.

También en Andalucía se han perdido colmenas, tanto en el gran incendio que vivió la zona de Almería a principios de verano, como en el más devastador que asoló más de 33000 hectáreas entre Huelva y Sevilla a mediados de agosto. Las pérdidas de colmenas se han producido en zonas en las que ya se habían quemado colonias hace unos años, como Aznalcóllar.

Además, los incendios no solo tienen un efecto directo sobre las colmenas quemadas. También son destructivos para las que sobreviven al fuego, puesto que las llamas arrasan con la vegetación y dejan a las abejas sin zonas de pecoreo. Este daño se arrastra incluso durante años, porque pasa mucho tiempo hasta que el campo se recupera completamente.

Para hacer frente a esta situación, la organización Unión de Uniones ha lanzado una propuesta llamativa: llevar colmenas a las zonas quemadas para impulsar su restauración ecológica. Este sindicato cree que “la presencia de polinizadores es esencial para la reproducción de numerosas especies vegetales cuando la vegetación comienza a rebrotar y a florecer después de un incendio”. Por eso, proponen “instalar temporalmente colmenas de abejas en las zonas afectadas por los incendios o en su entorno inmediato”.

En un comunicado de prensa, la Unión de Uniones asegura que “una medida de estas características permitiría reforzar el papel de la apicultura como actividad ligada al territorio y contribuir a la recuperación de los ecosistemas afectados por los incendios forestales”.

Aunque llamativa, la iniciativa se enmarca dentro de esta reacción generalizada ante la mala situación de la apicultura española en el verano de 2026. Toda iniciativa que contribuya a mejorar el estado del sector, incluyendo su buena imagen, parece bienvenida.

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