Modificado por Redacción

una colmena en un bosque nevado

Colmena en un bosque nevado. Foto: eliudrosales, en Flickr.

A diferencia de lo que cabría pensar, que los otoños e inviernos sean cálidos no es algo positivo para las abejas. Una investigación demuestra cómo la subida de las temperaturas en esas estaciones impacta negativamente en la capacidad de las colonias para superar los inviernos.

Las abejas de climas tropicales están acostumbradas los inviernos templados e incluso cálidos. Sin embargo, para las abejas de zonas más frías, que los inviernos sean calurosos es un problema importante, porque impacta en su comportamiento y en su forma de invernar y de superar los meses en los que el campo no ofrece alimento.

Ahora, una investigación demuestra cómo los últimos otoños e inviernos, que son cada vez más cálidos, están haciendo que las abejas tengan muchos problemas para sobrevivir al invierno, con lo que su supervivencia se complica incluso más.

Sigue leyendo este artículo en el que te explicamos por qué el calor del otoño y del invierno no es una buena noticia para la supervivencia invernal de las abejas.

Parece una idea contraintuitiva. Generalmente, los apicultores de zonas frías piden inviernos benignos que no castiguen excesivamente a sus abejas. Es un temor un tanto infundado, porque las abejas saben cómo hacer frente al frío y, si tienen suficientes reservas y todo sigue un orden natural, superan los inviernos sin muchos problemas. Sin embargo, todo cambia cuando ese orden se altera, como está pasando por el calentamiento global, que produce inviernos y otoños más cálidos, lo que desorienta a las abejas.

1 – Más calor y peor supervivencia invernal de las abejas

Lo demuestra así una investigación publicada por la importante revista científica ‘Scientific Reports’, del grupo de publicaciones Nature, uno de los más prestigiosos del mundo. El trabajo se titula “Otoños e inviernos más cálidos podrían reducir la supervivencia de las abejas melíferas durante el invierno, con riesgos potenciales para los servicios de polinización”.

Publicado a finales de marzo, el artículo lleva las firmas principales de Kirti Rajopalan, de la Universidad del Estado de Washington; y Gloria DeGrandi-Hoffman, del Centro de Investigación Apícola Carl Hayden, del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Ambas investigadoras han liderado un equipo de científicos que se han propuesto averiguar cómo afectan los otoños e inviernos más cálidos a las abejas..

Su investigación se ha desarrollado en una amplia zona del noroeste de Estados Unidos, en la costa del Pacífico. Es un área de gran extensión que incluye regiones costeras de clima suave, regiones más templadas, áridas y frías. Además, las series estadísticas históricas indican que es una zona del país donde las colmenas han sobrevivido siempre a los inviernos con menos pérdidas que otras regiones apícolas.

colmenas en otoño, preparándose para garantizar la supervivencia invernal de las abejas

Colmenas en otoño. Foto: Don Brubacher, en Flickr.

Tras aplicar sus análisis y modelos predictivos a las abejas de esta zona de Estados Unidos, han llegado a conclusiones bastante llamativas:

  • La progresiva subida de las temperaturas en otoño e invierno hace que las abejas tengan mas horas de vuelo anuales.
  • Este retraso en el frío hace que las abejas se preparan más tarde para el invierno y el periodo de tiempo con una población invernal estable disminuye.
  • Por tanto, más tiempo de vuelo en otoño e invierno se traduce en colonias más pequeñas en la primavera siguiente y, por tanto, colonias menos viables.
  • Las temperaturas primaverales propicias para el vuelo llegan antes de que la colonia inicie la cría.
  • La búsqueda de alimento a finales de otoño y en invierno cambia la estructura de edad de la colonia hacia las abejas más viejas, de modo que en la primavera siguiente las abejas jóvenes que no buscan alimento constituyen una proporción menor de la población adulta. Es decir, se desequilibra la relación nodrizas-pecoreadoras, haciendo que falten las primeras y, por tanto, la colonia crece lentamente.
  • El tamaño mínimo anual de la colonia (definido como el valor más bajo al que desciende la colonia anualmente) será a mediados de siglo menos de la mitad de los valores históricos en muchas áreas.
  • Las zonas más elevadas y las latitudes septentrionales -las más frías de las analizadas- resultan ser lugares donde el cambio climático tiene impactos relativamente menores y el impacto es menor.

imagen del estudio sobre supervivencia invernal de las abejas

Imágenes del estudio que muestran el aumento previsto de las temperaturas y el tamaño de las colonias.

Con estos resultados, el equipo investigador afirma que “nuestras simulaciones muestran que, cuando las colonias buscan alimento más tarde en el otoño, hay mayores disminuciones de población en la primavera”. Igualmente, concluyen que “los vuelos de finales de otoño provocan una mayor proporción de pecoreadoras envejecidas el grupo invernal, lo que puede acelerar la disminución de la población adulta en la primavera. La recuperación puede ser difícil, especialmente si la búsqueda de alimento se reanuda antes de que surjan nuevos adultos para reemplazar a los pecoreadoras que van muriendo”.

Por otro lado, consideran que, aunque un inicio temprano de la cría “puede parecer ventajoso para el crecimiento de la colonia, la cantidad de cría que se puede desarrollar está limitada por el tamaño de la población que hiberna y por la disponibilidad de alimentos”. Además, señalan también que “cría más temprana puede producir poblaciones más grandes de varroa”.

2 – Diseño de la investigación

 Esta investigación se ha basado en modelos predictivos y, tal y como explican sus autores, siempre con “los mejores escenarios”. Es decir, no han introducido en los cálculos otros factores estresantes, como enfermedades, desnutrición, pesticidas… Incluso han trabajado con modelos de reinas con gran potencial de puesta y renovación de cría. Aun así, los resultados con concluyentes, como se acaba de ver.

Para modelar esta investigación, han utilizado diversas fuentes de datos. Por un lado, modelos climáticos que predicen que, para la región de análisis, los otoños e inviernos serán progresivamente más cálidos en los próximos años, como consecuencia del cambio climático, que tanto afecta a la apicultura.

Además, han utilizado datos geográficos para comprender el territorio, así como cálculos complejos para establecer las horas de vuelo de las abejas durante el invierno (del 1 de noviembre al 31 de enero.

colmenas ante una casa roja y abetos, en el otoño, preparándose para la supervivencia invernal de las abejas

Colmenas en un paisaje otoñal. Foto: Rendered, en Flickr.

Finalmente, han utilizado el conocido modelo Varroapop, un algoritmo matemático que permite entender las dinámicas poblacionales de abejas y varroas. En este caso, se eliminó del cálculo el factor varroa y se modeló la evolución de la población de abejas en las condiciones climáticas previstas. Varroapop puede manejar aspectos como la tasa de puesta de huevos de la reina, la longevidad de las abejas adultas, etc.

 Con este sistema, se ha podido comprender cómo el cambio en las temperaturas otoñales e invernales afecta directamente a la cantidad de abejas que superan el invierno y llegan a la primavera siguiente. Es decir, la supervivencia invernal.

3 – Refrigerar para mejorar la supervivencia invernal de las abejas

La misma investigación propone alguna solución para mejorar la supervivencia invernal de las abejas en un contexto de otoños e inviernos más cálidos. De hecho, han modelado también alguna de estas soluciones.

Lo que proponen es una técnica que ya se utiliza en manejos más o menos experimentales: almacenar las colmenas durante el invierno en locales refrigerados. Este manejo se utiliza en lugares extremadamente fríos, como Canadá, donde muchos apicultores utilizan hangares para invernar las colmenas. En estos almacenes, las colonias se mantienen a temperaturas frías, para que sientan el invierno, pero no tan duras como las del exterior.

Por otra parte, en zonas de mucho calor, como California, se experimenta con almacenar y refrigerar las colmenas durante lo más duro del verano, cuando el campo apenas ofrece comida y el calor es extremo.

Para los autores de esta investigación, esta sería una solución que permitiría evitar los efectos perniciosos de estos otoños e inviernos más cálidos. Al obligar a las abejas a permanecer almacenadas a temperaturas bajas, se “forzaría” una invernada más parecida a las convencionales.

En este sentido, sus datos dicen que “las colonias colocadas en almacenamiento en frío tienen poblaciones más grandes que aquellas con invernada al aire libre, incluso en el futuro lejano”. Esto se explica, señalan, porque “la búsqueda de alimento se detiene mientras la colonia está almacenada en frío, lo que hace que el tamaño de la población adulta y la estructura de edad permanezcan estables durante este período“.
Lo que consiguen con este sistema es que las abejas lleguen a la primavera con poblaciones más sólidas y puedan recuperarse mejor con la nueva temporada.

Cabe señalar que esta idea de “obligar” a las abejas a pasar más frío choca con lo descubierto por otras investigaciones recientes sobre el comportamiento de estos insectos en situación de mucho frío. Un trabajo de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido, ha señalado que la idea de que las abejas se apiñan para defenderse del frío es errónea: sería una respuesta ante el estrés que sufren por el exceso de frío que padecen en colmenas mal diseñadas y poco aisladas.

Con todo, lo que parece cierto es que el cambio climático suma una amenaza tras otra para las abejas y la apicultura. Ahora, lo que parecía un cierta ventaja, tener otoños e inviernos más cálidos, se convierte también en un problema para la supervivencia invernal de las colonias de abejas. ¿Qué opinas? Cuéntanoslo en los comentarios.

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4 – Bibliografía empleada

Biri, Melchiorre & Prats, Carmen (1988) El gran libro de las abejas. Barcelona: Editorial de Vecchi.

Jean Prost, Pierre (2007) Apicultura. Conocimiento de la abeja. Manejo de la colmena. Barcelona: Editorial Mundi Prensa.

Lasanta, Eugenio (2018). Apicultura práctica tradicional y moderna: La esencia en el hexágono. Madrid: Liber Factory.

Meikle, WG, Corby-Harris, V., Ricigliano, V. et al. (2023) Almacenamiento en frío como parte de una estrategia de manejo de Varroa: efectos sobre el rendimiento de las colonias de abejas, niveles de ácaros y biomarcadores de estrés. Scientific Report 13 , 11842 (2023). https://doi.org/10.1038/s41598-023-39095-5

 

Rajagopalan, K., DeGrandi-Hoffman, G., Pruett, M. et al. (2024) Warmer autumns and winters could reduce honey bee overwintering survival with potential risks for pollination services. Scientific Report 14, 5410. https://www.nature.com/articles/s41598-024-55327-8#citeas

Robles, Elena & Salvachúa, Carmelo (2012) Iniciación a la apicultura. Tecnología y calendario. Madrid: Editorial Mundi Prensa.

Salvachúa, Carmelo & Robles, Elena (2003) Manual de apicultura práctica. Sector apícola Galego.

Wilson, Noah (2014) La abeja. Una historia natural. Librería Universitaria de Barcelona: Barcelona.

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