Modificado por Redacción

salsa de mostaza y miel

Salsa de mostaza y miel. Foto: Stijn Nieuwendijk, en Flickr.

La salsa de mostaza y miel es uno de los aderezos más célebres del mundo. Perfecta para acompañar a todo tipo de platos, especialmente carnes, esta salsa hunde sus raíces en el tiempo de los romanos. Descubre qué es y cómo surgió la salsa mostaza y miel.

La mostaza y la miel forman una pareja formidable. Dulce, picante y ácido se combinan en una fusión capaz de realzar casi cualquier plato. Además, es una salsa que no se pasa de moda: hace décadas que está en las cartas de los mejores restaurantes y su popularidad no decae. Tanto, que cada vez más personas la elaboran en su caso o recurren a algunas salsas de mostaza y miel comerciales, que pueden ser tan buenas como esta.

En realidad, la fama no es tan nueva, porque esta salsa ya era una mezcla popular hace casi 2000 años, en tiempos del Imperio Romano. Lo sabemos, porque aparece mencionada en un libro que se llama De re coquinaria (Sobre materia de cocina), un antiguo tratado culinario que habitualmente se atribuye a Marco Gavio Apicio, un escritor amante de la gastronomía.

En esa obra, aparece la descripción de una salsa mostaza y miel que, además, incluía otras hierbas y especias. Según el libro, era el condimento perfecto para el asado de jabalí, una carne fuerte y muy sabrosa.

Después, esta mezcla de miel y mostaza estuvo mucho tiempo olvidada, hasta que reapareció, rescatada por los chefs que, a mediados del siglo XX, buscaban nuevas combinaciones que sorprendieran al público. Desde entonces, es una salsa fundamental para acompañar a carnes de todo tipo, sobre todo preparadas a la barbacoa. También como glaseado de jamón o como base para vinagretas. Además, se puede utilizar para aderezar langostinos, salmón, ensaladas, brochetas de verduras o incluso sándwiches. Pocas salsas resultan tan versátiles.

plato de pollo con salsa de mostaza y miel

Un plato de carne de ave aderezada con salsa de mostaza y miel.

La miel: el punto de equilibrio

La mostaza es bien conocida en la gastronomía y constituye una de las salsas más empleadas del mundo. Sin embargo, la miel no es tan utilizada en la cocina, razón por la que su mezcla con la mostaza es tan sorprendente.

Además, la miel presenta muchas más variedades, sabores y aromas que la mostaza, con lo que las combinaciones pueden cambiar mucho en función de qué miel se utilice.

Así, las mieles oscuras, como las de bosque, ofrecen a la salsa aromas boscosos y penetrantes, mucho carácter. Por su parte las mieles claras, como las de azahar, tomillo o romero aportan frescura y ligereza a la mezcla. Además, las mieles pueden aportar también texturas diferentes: hay mieles líquidas, cristalizadas y en forma de crema, con lo que las salsas resultantes pueden ser muy distintas.

Si estás pensando en elaborar tu propia salsa de mostaza y miel, puedes probar con mostazas de estilo antiguo (como la célebre mostaza de Dijon) y mieles oscuras o claras, en función del plato que prepares. Por ejemplo, para ensaladas y pescados, resultan mejor las mezclas con mieles claras. Sin embargo, la carne, especialmente solomillos y otros cortes contundentes, adquieren mucho realce con una combinación que incluya mieles oscuras.

 

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